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Desde San Lázaro. Negro panorama para 2019. Por: Alejo Sánchez Cano. Destacado

14 Dic 2018
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La incertidumbre  campea en México y no solo en las clases medias, sino, lo que de suyo es gravísimo, en aquellos que veían como una dorada oportunidad el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, para la detonación de nuevos negocios e inversiones que son fundamentales para el crecimiento.

Los empresarios que tradicionalmente han sido aliados del país, ahora se les fustiga y se les etiqueta como malvados enemigos surgidos del averno. Sin ellos no hay posibilidad de mejorar la calidad de vida de millones de mexicanos.

Ahora que está por darse a conocer el Paquete Económico para el otro año, se observa cómo se tirarán miles de millones de pesos en programas sociales que creará una población subvencionada y mantenida por el gobierno.

El Paquete Económico 2019, ya está listo y solo faltan algunos detalles, no por ello menos importantes, como lo relacionado a las  indemnizaciones por la cancelación del aeropuerto de Texcoco o el fondeo a los programas sociales insigne del nuevo gobierno.

Son tantos los gastos y las necesidades que no hay  ingresos que alcancen. Los ahorros que se esperaban por la reducción del aparato burocrático, no alcanzan para cubrir lo básico de todo el gasto asistencial que tiene proyectado AMLO para el arranque de su sexenio, de hecho muchos de ellos entrarán en plena operación hasta el tercer año de gobierno, aunque se antoja harto difícil en virtud de que las perspectivas de crecimiento se van reduciendo conforme pasan los días.

La joya de la corona “Jóvenes Construyendo el Futuro” es una apuesta muy cara, inversa a  los beneficios, estos solo se ven en el tema político-electoral y no en el entramado social y en la inclusión.

El Tren Maya también requiere más recursos de los que tenía el CPTM para la promoción del producto turístico mexicano en los mercados internacionales.

Por otra parte, está el tema de la creación de la Guardia Nacional y la generación de las plazas prometidas a la milicia y a la marina y así una infinita retahíla de programas y de promesas recogidas en la campaña de Andrés Manuel López Obrador que se quedarán en el congelador.

El compromiso de que el Paquete Económico tendrá una inversión social y en infraestructura sin precedentes es una verdad a medias y lo confirmaremos a la hora de cotejarla con presupuestos de otras administraciones.

Veremos el ajuste a la baja en los presupuestos de las secretarias como la Sagarpa, SEP, la secretaría de Salud y Economía  así como de varios organismos descentralizados como la CFE, Seguro Social y el ISSSTE.

El tener un superávit primario será fundamental para alentar las inversiones y reforzar la mellada confianza que hay en nuestro país.

Al asfixiante pago de los intereses de la deuda debe sumarse al pago de las pensiones con lo que el presupuesto está muy acotado.

Es decir no hay márgenes de maniobra por más programas de austeridad y ahorros en el costo de la corrupción que parecen más una entelequia que hechos concretos.

Los ingresos del gobierno no se incrementan, al contrario, debido a una menor captación tributaria, se reducen para el último trimestre del año, así como las divisas por el decremento en los precios de la mezcla mexicana y por la actividad turística, en esta última se romperá la inercia al alza que se traía en este sector, por primera vez en los últimos 15 años.

El círculo virtuoso que representa crear un entorno favorable para el arribo de inversiones al país y con ello crear empleos formales y así alentar el consumo que de oxígeno a miles de pequeñas empresas mexicanas y a las arcas nacionales, vía más ingresos por impuestos,  se empezó a vulnerar desde el periodo de transición y se continúa al inicio de la actual administración.

Sin inversión privada no hay crecimiento. Sin la participación del sector empresarial no hay gobierno que pueda satisfacer la demanda de una población que va en aumento.

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