Hugo Chávez duró 14 años como presidente de Venezuela, solo iba por cinco, y de no ser su muerte, estaría todavía al frente de ese país. Lo mismo pretende hacer Nicolás Maduro.
En 1998, en plena campaña política en el país sudamericano, ya había voces de preocupación en torno a la reelección, a lo que el candidato Chávez respondía invariablemente a la pregunta ¿Usted estaría dispuesto a entregar el poder después de los 5 años? “Claro que estoy dispuesto a entregarlo no solo a los 5 años, sino antes, porque nosotros hemos dicho que vamos a proponer una reforma constitucional una transformación del sistema político para tener una democracia más verdadera más auténtica, si por ejemplo, yo a los dos años resulta que soy un fiasco , un fracaso o cometo un delito o un hecho de corrupción o algo que justifique mi salida del poder antes de los cinco años, yo estaría dispuesto a hacerlo mediante un referéndum al pueblo, que sea él quien decida si me voy o me quedo”.
Si Andrés Manuel López Obrador no estuviera decidido a mantener el poder, no estaría impulsando la revocación del mandato, ya que él fue elegido por un periodo de seis años y menos que esa consulta popular se realice con la elección intermedia del 2021.
Podrá firmar compromisos y asegurar reiteradamente que no va a reelegirse, sin embargo ya hemos sido testigos como desde el Congreso y por voluntad del “pueblo sabio” se modifica la Constitución a su antojo.
La intención de terminar con el modelo neoliberal e instituir la 4T es el propósito del presidente y para que ello suceda, no bastan 6 años, se requiere mucho más tiempo, por ello, desde ahora se crea la masa electoral con programas asistencialistas en donde la entrega de dinero se hace de forma directa a los beneficiarios.
Este ejército de adeptos, dispuestos a hacer lo que sea para mantener sus privilegios, es la carne de cañón que se volcaría en las urnas para apoyar cualquier proyecto de AMLO.
Claro, también se requiere tener un control totalitario del Estado y de los llamados poderes fácticos, entre ellos, con especial énfasis, los medios de comunicación, para que no haya contrapeso suficiente que impida que se cristalice su voluntad.
Es por ello, que ahora más que nunca, los senadores que conforman la oposición no se vendan y muchos menos se plieguen a negociaciones que se hacen desde las alturas, para doblegarlos como ocurrió con la designación de la esposa de José María Riobóo, como Ministra de la Suprema Corte de la Nación.
Deben mantenerse cohesionados los senadores del PAN, PRI, MC y PRD para evitar que se alcance la mayoría calificada y con ello, alejar el fantasma de la reelección de AMLO.
Si ya desde San Lázaro, se logró la aprobación del dictamen respectivo que eventualmente le daría luz a la revocación de mandato del presidente de la república, ahora, toca el turno a la colegisladora para corregir a los diputados.
No es un tema menor la revocación de mandato y menos que esta consulta se haga en la misma boleta en la cual se van a renovar la cámara de diputados, diversas gubernaturas y más de mil puestos de representación popular.
La cruenta lucha fratricida de 1910 recogió como uno de sus postulados, escrito a sangre y fuego, el apotegma de Madero “Sufragio Efectivo, No Reelección” y este principio quedó plasmado en el artículo 83 de la Carta Magna.
A este candado constitucional deben sumarse otros tantos, para de una vez por todas, prohibir, so pena de castigos mayores, todo intento antidemocrático.
La democracia es un baluarte de mundo libre y atentar contra ella representa entrar a una espiral de violencia de incalculables proporciones y efectos.