La verborrea presidencial subyuga lo relevante y aplasta lo significativo. Lo que debe prevalecer, a decir de la versión oficial, es el tema que ha puesto el presidente en la agenda pública y no los problemas que agobian a los ciudadanos. Hablar del balance de la inseguridad en tiempos de la 4T es una barbaridad y menos de cómo, gradualmente los grandes indicadores macroeconómicos van desacelerando o del yerro garrafal que significó abrir un amplio frente contra nuestro segundo socio comercial, España, por una ocurrencia de la consorte y que decir, del silencio ante la violación sistemática a la independencia y soberanía nacional que hace Donald Tump.
Efectivamente, el convocar a los medios a una conferencia mañanera, hecho inédito en el mundo, no necesariamente quiere decir que el gobierno informa a cabalidad sobre los temas que interesan a la sociedad. Se reportan los sucesos a través de los ojos del jefe del Ejecutivo Federal, del crisol de la óptica del poder y no lo que importa a la ciudadanía, quien, en contraparte, padece los estragos de las decisiones que toma la 4T, como; verbigracia, el cierre de las estancias infantiles, los miles de despidos en el gobierno, la cancelación de los comederos comunitarios o el estrangulamiento de los causantes cautivos, quienes a fin de cuentas, son los que financian los programas sociales de AMLO.
La estrategia parece funcionar en “un país de iletrados”, sin embargo, merced a una sociedad activa y demandante, se ponen en contexto y se descubren las verdaderas razones de las intenciones que vienen del Olimpo.
Las benditas redes sociales que tanto tuvieron que ver en que López Obrador llegará a la presidencia, se han vuelto en su contra, ello, a pesar de los ejércitos de bots y troles a su servicio que se dedican día y noche a perseguir a aquellos que osan alzar la voz, ya en los medios de comunicación tradicionales, ya en los medios digitales.
Y más allá de este dique, de este contrapeso digital al poder, está la postura del pueblo sabio que se manifiesta con todo su esplendor en los saludos de la “porra fifi” que le indilgaron al presidente durante la inauguración de un parque de béisbol o las espontaneas manifestaciones de rechazo en aeropuertos o en eventos públicos al interior del país.
En la visión aterradora de equipar a las mascotas con los seres humanos que menos tienen, subyace el desprecio a la pobreza y a los contagiados por ese mal, aunque solo ellos podrán hacer posible el milagro de mantenerlo en el poder, más allá de su sexenio.
En ello, precisamente está el vórtice de los primeros tres años de gobierno, en la capacidad de construir un nuevo entramado legal que permita hacer añicos los apartados de la Carta Magna que se refieren a la reelección presidencial, a la revocación de mandato y las consultas populares.
Esas cortinas de humo que son lanzadas periódicamente desde Palacio Nacional, intentan desviar la atención de lo toral, de los fundamental, para que lo asuntos que interesan al presidente, caminen sin obstáculo alguno.
El señuelo se lanza diariamente y caen los incautos.
El garlito presidencial está ganando posiciones y alcanzando algunos jaques, empero, si no se pierde de vista los relevante de las cosas, se puede, al final del día, ganar la partida en donde México triunfe.
Queremos seguridad, inclusión social, respeto internacional, desarrollo económico, abatimiento de la pobreza y la marginación; consolidar nuestras libertades y derechos fundamentales.
La incipiente democracia mexicana, ahora está nuevamente en peligro ante los soterrados deseos de mantenerse en el poder, de hacer caso omiso a lo que con fuego y sangre se plasmó en la Constitución