Ante la duda presidencial de acudir a la cumbre del G-20 a celebrarse en Osaka, Japón, a finales de junio, Gabriel Quadri apuntó en su cuenta de Twitter que mejor no vaya. “Nos ahorrará muchas vergüenzas”.
Más allá de lo que piense el ecologista y de si su apunte es certero, lo cierto es que la ausencia de López Obrador en la cumbre en donde se reúnen los 20 países ubicados en el top de las economías en el mundo, provocaría seguir perdiendo espacios con interlocutores de peso que, sin duda son socios estratégicos en diversos ámbitos como energía, economía, turismo, migración y sustentabilidad, entre otros rubros.
Dice el presidente de México que está analizando su participación. “Lo estoy viendo porque estoy ocupado de tiempo completo en atender los asuntos nacionales” y agregó que se siente muy bien representado por Marcelo Ebrard en la cumbre.
El argumento de AMLO es cuestionable, toda vez que es de mayor utilidad que él acuda al G-20 y no el canciller, ya que en diversas reuniones con otros mandatarios, no aceptarían como interlocutor al secretario de Relaciones Exteriores.
¿O acaso Donald Trump daría su venía por una reunión bilateral con un funcionario mexicano de segundo nivel o Xi Jinping, de China y ya no hablamos de Vladimir Putin, de Rusia?
El Grupo de los 20 está compuesto por las principales economías del mundo: La Unión Europea, Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y por supuesto, México.
La reunión representa una oportunidad invaluable para fijar la postura de México en diversos temas, al tiempo de mediante reuniones bilaterales, desplegar toda una agenda en materia de seguridad, pública, apoyos económicos globales en temas de migración, combate al narcotráfico, educación, desarrollo tecnológico y energía.
De hecho, esos encuentros entre los líderes del mundo surgen lazos empáticos que redundan en utilidad para los habitantes de sus países.
Los beneficios son múltiples, los riesgos son mínimos.
En este contexto, a qué le teme AMLO, a decir de algunos, su salud es precaria ya que si nos vamos a la información publicada por el diario ContraRéplica que dirige Rubén Cortés, en Palacio Nacional hay una sala de quirófano y una serie de equipos médicos de última generación.
Otra versión es que, el presidente mexicano se siente limitado por su nulo conocimiento del inglés y aunque llevan a traductores lo cierto, es que precisamente en esas reuniones personales, uno a uno, pues es básico saber comunicarse en esa lengua.
Otra versión, estriba que Andrés Manuel no le gusta realizar viajes largos en avión, por ello, a lo largo de su vida se cuentan con los dedos de una mano sus viajes transcontinentales.
La cierto, es que solo él sabe la verdadera razón por evadir su responsabilidad de acudir a Japón, aunque aún es tiempo de que el presidente reconsidere su postura. Es necesario que vaya al encuentro del G-20.
La agenda temática de esa reunión en donde Japón ostenta por primera vez la presidencia, es: El crecimiento económico y la reducción de las desigualdades; Infraestructuras y sanidad de calidad; Problemas mundiales como el cambio climático y el vertido de plásticos en los océanos; Economía digital y los desafíos del envejecimiento en las sociedades.
Como se aprecia son temas fundamentales para el orbe en donde nuestro país tiene un papel fundamental. ¿Cambiará esto López Obrador por sus conferencias mañaneras en territorio nacional?