El manotazo dado en la mesa por los gobernadores priistas en su reunión en Toluca, de hace un par de días, necesariamente va a sacar del marasmo a este organismo político, luego de la estrepitosa derrota sufrida el año pasado.
Los gobernadores Alfredo del Mazo, Edomex; Quirino Ordaz, Sinaloa; Juan Manuel Carreras, SLP; Héctor Astudillo, Guerrero; Miguel Riquelme Solís, Coahuila; Alejandro Murat, Oaxaca y otros cuatro gobernadores han decidido darle su irrestricto apoyo a su compañero Alejandro Moreno Cárdenas, de Campeche, por encima de las otras candidaturas que aspiran dirigir a ese partido, como José Narro e Ivonne Ortega.
La profunda transformación que requiere el PRI para mantenerse en el ánimo de los electores pasará por dos golpes traumáticos: el primero; en la jornada electoral del próximo 2 de junio, en donde se espera una tunda de proporciones gigantescas para la otrora aplanadora tricolor; dos, la toma del control por parte de los gobernadores priistas de la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional.
El PRI es oposición en los seis estados donde se realizarán las elecciones del domingo; en ninguna de ellas es gobierno y después de los resultados obtenidos, no solo se desplomará a los últimos lugares, sino que está en riesgo de perder su registro en varias entidades, de hecho, el mayor reto del PRI el próximo domingo, no es ganar, sino operar un control de daños ante la debacle.
En la jornada electiva están en juego 148 posiciones, entre ellas dos gubernaturas, la de Baja California y la de Puebla, esta última en un proceso extraordinario por la muerte de la gobernadora panista, Martha Érika Alonso.
En Aguascalientes, Durango, Quintana Roo y Tamaulipas sus habitantes en edad de votar ya decidieron a quien quieren de autoridades y está no le favorece al PRI. Salvo honrosas excepciones, el Revolucionario Institucional anotará en su palmarés la derrota más dolorosa luego de perder nuevamente la presidencia de la república ante López Obrador.
Los comicios del domingo serán un plebiscito de la gestión de AMLO, quien a pesar de los errores cometidos hasta el momento, mantiene el respaldo popular.
También se mantendrá la tendencia de Morena al alza después de la elección presidencial, fortalecida por el éxodo de militantes de distintas corrientes, entre ellos priistas, que advierten en ese movimiento una opción para sus aspiraciones políticas.
Hay que decirlo, las multas aplicadas por el Instituto Nacional Electoral y la disminución en las prerrogativas partidistas, afectan severamente las finanzas del partido, debilitando su operación político-electoral.
Corrupción, ineptitud y soberbia, son tan solo algunos de los pecados que han cometido algunos militantes del PRI que lo han puesto al borde del precipicio.
La militancia priista se alejó del partido por diversas razones, una de ellas, el hecho de no identificarse con el candidato presidencial de 2018, y aunque la dirigencia actual ha realizado un ejercicio de acercamiento y escucha, la confianza de los militantes no se reconquista de manera instantánea, debe cumplirse todo un proceso.
Las elecciones se ganan con votos y los votos se consiguen con la movilización de los promotores, se trata de un trabajo que cuesta dinero y mucho esfuerzo, pero sobre todo mucho compromiso partidista, en el PRI no hay dinero y se ha perdido la mística.
Ante este panorama, ni la presidente del tricolor, Claudia Ruiz Massieu, ni nadie en su lugar, podría entregar cuentas distintas.
Como el ave fénix el PRI debe resurgir de sus cenizas y a decir de, por lo menos los gobernadores, el personaje que podrá hacer posible el milagro se llama Alejandro Moreno Cárdenas.