Uno de los indicadores que mejor muestran cómo va la economía de un país es el que tiene que ver con la generación de empleos, la calidad de éstos, la tasa de desocupación y la tasa de informalidad laboral. Y lamentablemente, las cifras oficiales indican que en ese rubro no vamos requetebién.
Por el contrario, lo que indican las cifras oficiales en materia de empleo es que, por donde se le busque, en los primeros cinco meses de esta Administración es en donde se ha registrado el más bajo desempeño en el rubro desde 2013.
La salida de Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda, y sobre todo los motivos por los que se dio, exhiben que una de las calamidades que sufriremos los mexicanos de aquí a 2024 es la tendencia a la mentira y al maquillaje de cifras y datos para justificar un mal gobierno. Ya se sabía, pero ahora se confirma con revelaciones provenientes de un alto funcionario del gobierno lopezobradorista que sin duda contaba con información privilegiada, de primera mano, de alto nivel. Se registran errores provocados por los caprichos y el sentimiento de revanchismo de quien encabeza hoy a la Administración Pública Federal.
En su “informe” del 1 de julio pasado, Andrés Manuel López Obrador presentó cifras referentes al empleo generado en el país en el primer semestre del año. Afirmó que en ese periodo se crearon, según el IMSS, más de 300 mil nuevos empleos, la cifra más baja de los últimos años. Presentó la cifra como si fuera un logro, pero no mencionó que, en realidad, durante el actual gobierno se han eliminado más de 75 mil plazas.
Durante la pasada administración, la de Enrique Peña Nieto, el IMSS registró la creación de más de cuatro millones de nuevos empleos, y la tasa anual promedio del número de trabajadores afiliados al Instituto fue de 4% durante el pasado sexenio.
De acuerdo con datos del INEGI, la Tasa de Desocupación en mayo de este año en el país fue de 3.5% de la Población Económicamente Activa, misma proporción que el mes previo. Sin embargo, en su comparación anual la Tasa de Desocupación aumentó en comparación con mayo de 2018, cuando registró un 3.2%. Es decir, el porcentaje de población en edad de trabajar que no tiene empleo fue mayor en mayo de este año, comparado con mayo de 2018.
De igual forma, la Tasa de Subocupación (que se entiende como el porcentaje de población que tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual le demanda), representó el 7.5 por ciento de la Población Económicamente Activa. En su comparación anual, esta Tasa fue mayor a la del mismo mes de 2018, que se ubicó en 7.0%.
Otro dato del INEGI: la Tasa de Ocupación en el Sector Informal, que se refiere a la proporción de la población ocupada en unidades económicas no agropecuarias operadas sin registro contables y que funcionan a partir de los recursos del hogar o de la persona que encabeza la actividad sin que se constituya como empresa, representó el 27.4% en mayo pasado, y fue 0.3 puntos porcentuales mayor frente a la del mismo mes de 2018. Es decir, la ocupación en el sector informal de la economía está creciendo, lo que conlleva a que más gente se encuentre vulnerable al no contar con prestaciones como la salud, créditos para vivienda o posibilidades de pensión para el retiro. Además, es gente que no paga impuestos, lo que propicia que haya menor recaudación fiscal.
La imagen de Enrique Peña Nieto está muy deteriorada, pero el análisis de las cifras indica que al menos en el sector económico el país se encontraba mejor hace seis años que ahora. Los niveles de aprobación de la gestión de López Obrador se mantienen relativamente altos pero ya han empezado a caer, y lo que se prevé a partir de los malos resultados en la economía y otros rubros es que en breve caerán hasta el piso. A los mexicanos no les gusta que la economía vaya mal, y eso lo perciben en sus bolsillos, más allá de que el presidente diga que vamos requetebién.
El presidente López Obrador no actúa como mandatario. Actúa como candidato, y lo peor es que actúa como candidato opositor, y mantiene un discurso basado en que todo lo que se hizo antes de su llegada al poder estuvo mal. Lleva más de 150 viajes al interior del país desde que ganó la elección en julio de 2018.
Esta semana pasada la dedicó a visitar hospitales, básicamente rurales del IMSS, que recorrió cada uno en sólo diez minutos que le bastan, dice, para enterarse de “cómo están todas las cosas”. Recetó discursos de más de una hora en los que habló de todo, y a los que la gente, acarreada desde los municipios cercanos acudió esperando recibir algún apoyo.
Asegura que acabar con la corrupción “es papita”, pero mantiene un gabinete lleno de gente con conflictos de interés, como evidenció el ex secretario de Hacienda Urzúa. Eso también es corrupción, pero no para él.
Al cumplirse un año de su triunfo electoral, López Obrador no tiene nada qué presumir. En economía, mal; en seguridad, peor. Los mexicanos votaron, en su mayoría, porque estaban cansados de la inseguridad y de la corrupción. No vamos mejor, pero podemos ir peor. Ya hay temor en la población de que el gobierno lopezobradorista se descomponga pronto. Veremos cuánto más aguanta con cantaletas de mentiras, con campañas en busca de mantener el voto y con acciones de gobierno erráticas que no están dando ningún resultado. Veremos.