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Desde San Lázaro. Reprobados en economía. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 Jul 2019
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No entienden, ni el presidente López Obrador, ni Rocío Nahle, titular de la secretaria de Energía,  menos, Octavio Romero, director general de Pemex que el Plan de Negocios de esta empresa pública  es muy limitado tanto en su contenido como en sus alcances.

Ante lo inevitable, la inminente baja de las calificadoras internacionales, AMLO pretende curarse en salud al descalificarlas a priori, en lugar de enfocarse en medidas para incrementar la inversión de capital de exploración,  además de la producción.

Llama la atención que en el círculo cercano del Jefe del Ejecutivo Federal no tenga un economista con la experiencia en la administración pública y bagaje académico que, por lo menos, marque una hoja de ruta con las principales acciones de gobierno. 

Carlos Urzúa, ex titular de SHCP, representaba ese roll y ahora, aunque Arturo Herrera, lo tenga no es escuchado, el hombre solo acata instrucciones, aunque no esté de acuerdo con ellas, como es el caso de la construcción de la refinería de Dos Bocas, a la que se ha opuesto públicamente.

Las decisiones económicas y de política pública que requiere este momento el país han sido erróneas y por desgracia seguirán así en detrimento del país, en virtud de que López Obrador no tiene los conocimientos necesarios en la materia y aunque quiere instaurar una nueva rama de la economía denominada moral, la verdad es que carece de los principios básicos de la economía para hacerlo. El mismo Urzúa lo asentó en su misiva de renuncia.

La economía tiene como objetivo último, mejorar las condiciones de vida de personas y sociedades.

Cómo es posible que en tan pocos meses se haya dado un frenón económico al país que nos mantiene al borde de la recesión, tal vez  la única explicación se sustenta en las premisas anteriores.

A lo largo de los ya casi 8 meses del nuevo gobierno se ha observado una caída espectacular en la mayoría de los indicadores macroeconómicos, particularmente lo que se refiere al crecimiento del PIB, el empleo, inversión y confianza, amén de otros indicadores básicos que conlleva a una lectura que pone a México al borde de la fragilidad económica.

Ante estas evidencias y ahora con el Plan de Negocios de Pemex, nuevamente el país será castigado.

 Desde Palacio Nacional  diariamente se tienden  cortinas de humo para tapar el sol con un dedo y con ello engañar al grueso de la población que, por desgracia, se muestra confundida ante el “vamos requetebién” contra la cruenta realidad.

Ya no son especulaciones, el 2019 será recordado como el peor inicio de un nuevo gobierno por los indicadores que ya comentamos y ni que decir de la inseguridad y la preservación del estado de derecho.

El cúmulo de errores va en aumento. Desde la inconstitucional cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco, pasando por la guerra al huachicoleo, hasta el nuevo Plan de Negocios de Pemex ha sido un periplo que lleva al país al despeñadero.

Los recortes presupuestales han dañado la calidad de vida de millones de mexicanos, se han hecho en aras de tener dinero suficiente para apalancar los programas políticos electorales y financiar las obras de relumbrón que no representan ningún beneficio.

El aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya son proyectos que nacerán muertos y se convertirán, si se llegan a construir, en un  claro ejemplo de la ineficacia y la terquedad.

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