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Como veo, doy

Cuando un crimen nos agobia en lo personal, la lógica de nuestras más irracionales, pero no por eso menos vigentes impulsos, nos lleva a desear que al autor le tuerzan el pescuezo, lo volteen al revés, lo estiren y lo encojan, le quiten una pierna, le cote una mano, lo hagan pedacitos, lo echen a una fosa, lo ahoguen en un río, le peguen, lo vejen, lo desparezcan”.

Con temas del contexto global, el partido de Nueva Alianza, que encabeza Luis Castro Obregón, puso un ejemplo de lo que los partidos políticos pueden lograr más allá de las diferencias políticas, de intereses de grupo o visiones particulares.
Los inconformes hablan de fraude, robo, elección de Estado, compra de votos, inconsistencias en las boletas y muchos otros argumentos que, según se ve, son producto de la imaginaria popular pero sin validez jurídica.
Es probable que a estas horas aún no haya resultados definitivos de la jornada electoral de ayer, ya que los pronósticos adelantaban votaciones cerradas y posible judicialización del proceso. Pero más allá de los organismos políticos que se levanten con los triunfos en el estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz, creo que es el momento de reflexionar sobre nuestro sistema de partidos y su financiamiento con recursos públicos.
Ejemplo de lo que está pasando al calor de las campañas políticas hay muchos en materia de insultos, descalificaciones e improperios, e incluso estos están más presentes en el electorado que las propuestas de trabajo o programas para resolver los diversos problemas que aquejan a la población.
Hacen paradas donde se les da la gana; los conductores hablan por celular en largos trayectos de la ruta en la que operan; en ocasiones los choferes van platicando con sus acompañantes; “si no le gusta bájese” gritan a quienes le reclaman por su mala conducta; recorren rutas con música en altavoces a todo lo que da; muchas de la unidades circulan sin que la autoridad nada diga por los altos índices de contaminantes que fluyen por los escapes. Son algunas de las características que lamentablemente distinguen al transporte público concesionado de la Ciudad de México.
La detención de Javier Duarte, el exmandatario veracruzano que hasta el sábado permaneció como prófugo de la justicia, provocó diversas reacciones en la opinión pública.
Ahora que están de moda las mediciones de opinión en vísperas de la sucesión presidencial de 2018, y después de que casi ninguna de las encuestas le atinó en los levantamientos que se hicieron en torno a las elecciones que hubo a fines del año pasado en los Estados Unidos, donde la mayoría perfiló que ganaría la candidata del partido demócrata, Hillary Clinton, y al final ganó el republicano Donald Trump, es válido preguntarnos por el valor que los ciudadanos mexicanos debemos dar a los prematuros resultados que circulan en medios de información tradicionales, digitales y todo tipo de redes sociales respecto al evento electoral que se avecina.
De los comicios, el de la tierra mexiquense es el que tiene puestos los ojos de mayor número de analistas políticos y encima los reflectores mediáticos, pues sus resultados son la antesala de la madre de todas las elecciones en 2018 y quien triunfe estará dando un
Más allá de sus diferencias políticas, de los perfiles de sus candidatos, de sus propuestas o de sus programas ideológicos, nos da gusto que los partidos políticos contendientes en la elección para renovar la gubernatura del Estado de México iniciarán con un compromiso firmado en el sentido de reducir al cincuenta por ciento los gastos de acuerdo al tope autorizado por las autoridades electorales, que era de 285 millones 566 mil 771 pesos, lo cual habla bien de ellos y de su obligación moral con la realidad de tiempos difíciles que vive el país.