Muy a su pesar, AMLO, ha tenido que ir reculando poco a poco en sus pretensiones de una verdadera cuarta transformación y lejos de ello, se ha enfocado en impulsar una estrategia política de neo-corporativismo a través de cuatro programas sociales: Adultos mayores; Jóvenes Construyendo el Futuro; Becas para el Bienestar y Sembrando Vidas con sus particularidades y dos instancia instrumentales el ejercito de empadronadores Siervos de la Nación y otro ejército, la Guardia Nacional que le da el músculo a sus aspiraciones ilegitimas de trascender por sí mismo y no por sus actos y resultados, que por fuerza, tienen que ser evaluados expos a su mandato.
Ya que dentro de su encargo está prohibido por Ley, personalizar e incluso hacer referencia a funcionarios que hayan participado en la construcción o entrega de obras que involucren recursos públicos y se obliga a que exista una leyenda que diga que la obra fue realizada por el gobierno en beneficio de la población.
Es por ello que, también muy a su pesar, la leyenda que se suscribe al final de la publicidad gubernamental que hace referencia al Gobierno de México y no como él quisiera, Gobierno de Adres Manuel, que le dificulta poder posicionar como marca su nombre.
Las dificultades más grandes que enfrenta para poder profundizar sus cambios, son autoimpuestas y pasan por la fragilidad de las finanzas públicas y principalmente de las dos empresas improductivas del Estado, CFE, que se encuentra en proceso de quiebre o en el mejor de los escenarios en proceso mercantil y PEMEX que depende de que se construya esperanza dentro de su plan de negocios, sin considerar inversiones APP, es decir público privadas, que sistemáticamente las rechazan desde los entreveros de Palacio Nacional y que recientemente significó que PEMEX perdiera en peldaño más en su calificación de grado de inversión y estrena una calificación de BBB- inversión volátil, lo que incrementa el costo de financiamiento para la empresa.
Otro obstáculo autoimpuesto por el Presidente, tiene que ver con su miedo de perder, aún más su popularidad, al negarse a impulsar una miscelánea fiscal necesaria para avanzar es su aspiración de la universalidad de cobertura de sus programas insignia de la T de cuarta, que le impiden alcanzar la meta establecida en su Plan de Gobierno de la 4T, y limitan en mucho la operación, efectividad y eficacia de los programas.
El proyecto de presupuesto de egresos de la federación para el ejercicio fiscal 2020, refleja estas intenciones y los miedos que se manifiestan en acciones que lo empujan a realizar más y más profundos recortes al presupuesto, que le garantizan menores presiones de gasto y un margen de maniobra para evitar que la presión por gastar lo obliguen a hacer ajustes en la ley de ingresos a la cual se niega como su única tabla de salvación de su popularidad.
El problema de este esquema, de por sí frágil, se agrega el factor externo, y en particular la crisis de medio oriente y el abasto de corto plazo de crudo, que presiona los precios de los petrolíferos que se han incrementado y con ello, la necesidad de trasladar recursos públicos crecientes para subsidiar el consumo de la gasolina de los que tienen automóviles particulares, para evitar otro gasolinazo, políticamente incorrecto, pero económicamente necesario.
En fin, antes muerto que reconocer que lo que se hizo en la administración de Enrique Peña Nieto, no solo era necesario, sino que era lo correcto y que, si las cosas empeoran, como es predecible al no existir estímulos endógenos y exógenos para el crecimiento económico, las acciones defensivas neoliberales de la presente administración no van a ser suficientes para contener el deterioro de la economía y por consiguiente de las de la población en general y en particular de los que menos tienen y más necesitan.
La disyuntiva entre hacer lo políticamente rentable o hacer lo correcto, aunque sea impopular es algo que va a zopilotear al timonel y único responsable de la 4T.
