Bastante se ha dicho y se ha escrito acerca de lo deficiente que ha mostrado ser el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador. Sus deficiencias van desde su falta de experiencia, capacidad, ánimo y conocimientos para conducir al país en los terrenos económico, político y social, hasta su expuesta y notoria falta de equilibrio para deshacerse de resentimientos hacia los que él llama sus “adversarios”, y de comportamientos dogmáticos atados a un lejano pasado que fracasó por la evolución de las cosas en el orbe.
Bastante se ha dicho y se ha escrito ya también sobre sus garrafales errores: cancelar la construcción del NAIM en Texcoco y su intención de construir un nuevo aeropuerto en la Base Aérea de Santa Lucía, la llamada lucha contra el huachicoleo, que sólo provocó desabasto de combustibles en el país y que no logró acabar con ese delito; los despidos de más de 11 mil servidores públicos del gobierno federal, la cancelación del programa de estancias infantiles, las becas -con entregas directas de dinero público- sin ton ni son a jóvenes, entre muchos otros.
Ahora, la información oficial más reciente destaca que en el segundo trimestre de 2019 el Producto Interno Bruto de México “creció” la ridícula cifra de 0.1%, su nivel más bajo en los últimos diez años, a pesar de que Estados Unidos está creciendo entre 2% y 3%. Lejos de preocupar al gobierno, López Obrador festejó esta cifra: “No les funcionó su pronóstico a los expertos”, justificó para festejar. Vamos, el festejo de la mediocridad.
Lo que esos expertos habían pronosticado es que el país entraría en recesión técnica al no crecer durante el segundo trimestre del año. No pasó, pero estamos muy cerca de ello, mucho más cerca de que ocurra la recesión técnica a que crezcamos al 4% que prometió López Obrador durante su campaña y hasta apenas hace unas semanas. El que la economía mexicana caiga en estos escenarios tendrá consecuencias, y quienes las pagarán no son precisamente quienes hoy gobiernan.
Errar de esa manera no es propio de un presidente. Es decir, un presidente responsable cuida sus palabras, pero sobre todo cuida sus acciones, y son éstas últimas las que están llevando al país hacia el precipicio económico.
El señor no sabe de economía, y por ello la desprecia. El señor quiere regresar a los tiempos en que la economía del país se manejaba con criterios políticos y ya sabemos los resultados de ello. Lamentablemente, no es posible hacer buenos pronósticos económicos con este escenario.
Pero el señor tampoco sabe hacer estrategias. Al menos eso refleja el que no tenga una para atender el grave problema de la inseguridad en el país. En el ya mencionado tema del combate al huachicol, López Obrador declaró su fallida guerra sin estrategia previa. Ordenó cerrar los ductos por los que se transportaba la gasolina para evitar, según él, que los huachicoleros la sustrajeran, lo que provocó un grave desabasto de combustible en pocas horas, que se convirtió en una escasez que afectó a gran parte del país, y que a la fecha no termina de reponerse en algunos puntos del territorio nacional. El lopezobradorismo dio por concluida su guerra contra el huachicol, y por lo que se ve en el país, sin resultado favorable alguno. Por supuesto, en sus conferencias mañaneras dice, sin documentar, que el robo de gasolina disminuyó en más de 90 por ciento. Insisto, sin documentar.
Lo evidente en este caso es que no se logró desmantelar ninguna de las múltiples bandas implicadas en el huachicoleo.
Las renuncias que se han registrado en su gabinete legal también han hecho evidentes los boquetes por los que se fuga la confianza en el gobierno lopezobradorista. Nadie con sano juicio puede apoyar lo que está ocurriendo, y muchos son quienes empiezan a advertirlo con arrepentimiento por haberle otorgado su confianza.
En síntesis, el gobierno lopezobradorista está dando resultados del 0.1%. Esa es su calificación en los primeros ocho meses de gobierno.
Pero López Obrador ya encontró la fórmula, el caminito, para evadir sus responsabilidades. Primero, echarle la culpa al pasado y decir que en gobiernos anteriores estuvimos peor; segundo, mentir sobre las cifras económicas o delictivas cuando no están a su favor; y tercero, simplemente ignorar lo que ocurre en el país y afirmar que vamos requetebién.
Andrés Manuel López Obrador ya les debe explicaciones a los mexicanos por sus malos resultados de gobierno. Ahora que se acerca la fecha en que debe rendir su primer Informe de Gobierno, el presidente debería meditar sobre ello. Podemos advertir lo que será su informe: un mitin partidista en el que sus seguidores le aplaudirán hasta el 0.1%.
