Cubrir periodísticamente una campaña presidencial o las actividades cotidianas de un presidente en México siempre ha conllevado riesgos. Los viajes por el interior del país para seguir a un candidato o a un presidente y reportar sus actividades, en la gran mayoría de las ocasiones requiere de un trabajo de logística que implica conocimiento de los sitios y de la agenda del personaje, además de sentido común y vocación de servicio.
Durante muchos años los reporteros que cubrieron campañas presidenciales o las actividades de los mandatarios recibieron trato de reyes. Todavía a principios de los años noventa, estos reporteros disponían de un avión oficial en el que se transportaban para seguir al presidente Carlos Salinas de Gortari. En esos tiempos, el mandatario viajaba en un avión, el TP01, y la prensa y los integrantes de la Dirección General de Comunicación Social se transportaban en el TP02. A bordo de esta última aeronave se disponía de prácticamente todo: comida, botanas, bebidas alcohólicas y no alcohólicas, juegos de mesa, puros, cigarros, etc. Todo con cargo al erario.
Una publicación del periódico Reforma denunciando estos derroches obligó al gobierno a modificar su relación con los medios de comunicación. A partir de entonces, 1993, los medios pagan los gastos correspondientes a hospedaje y alimentación durante los viajes en que acompañan a los presidentes. El presidente Ernesto Zedillo dio otro apretón y a partir de su gobierno los reporteros viajaron en el mismo avión que el mandatario. Siguieron contando con alimentos y bebidas de cortesía, pero ya no hubo derroche.
En los gobiernos siguientes, los sexenios de Fox, Calderón y Peña, se mantuvo la misma relación y los medios de comunicación siguieron pagando sus viajes. Los reporteros continuaron viajando en el mismo avión que los mandatarios. Desde 1993 los medios de comunicación pagan sus viajes acompañando a los presidentes.
En los traslados por tierra, el área de Comunicación Social de la Presidencia siempre puso a disposición de los reporteros vehículos para su transportación. El criterio para hacerlo era muy simple: dar facilidades para que puedan estar presentes en los eventos.
Con la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador todo esto cambió. El mandatario viaja en aviones comerciales y el área de Comunicación Social de la Presidencia, a regañadientes, proporciona la agenda de viaje del presidente a efecto de que los reporteros puedan apartar sus espacios en los mismos vuelos que López Obrador. La Presidencia se ha negado a incorporar vehículos para la prensa en los convoyes de la comitiva presidencial, por lo que los reporteros deben trasladarse por separado en vehículos que, en muchas ocasiones, se encuentran en lamentable estado. Estos vehículos son proporcionados por los gobiernos estatales o municipales, que al no tener mayor interés, tampoco se esfuerzan por proporcionar unidades en buen estado para la prensa.
El accidente sufrido por una camioneta en la que viajaban 10 reporteros, fotógrafos y camarógrafos de distintos medios de comunicación pone en la mesa el debate de si la Presidencia es la responsable de brindar seguridad a los reporteros que siguen al presidente en sus giras o no. ¿Corresponde a la Presidencia continuar con esa práctica?
En los países democráticos, los presidentes son acompañados en sus actividades públicas por un grupo de reporteros. Después de la muerte del presidente Kennedy, en Estados Unidos, se estableció por ley el acompañamiento permanente de un pool de reporteros en las actividades públicas del mandatario estadunidense. Los medios de comunicación se hacen cargo de sus gastos, pero la Casa Blanca les brinda todas las facilidades, y de hecho forman parte de la comitiva presidencial.
Hasta el sexenio anterior, los reporteros que acompañaban al presidente no formaban parte de la comitiva, pero sí recibían las facilidades de cobertura en los eventos públicos, y sus gastos corrían a cargo de sus propios medios.
El nuevo trato a los reporteros que acompañan a López Obrador también muestra mucho del desdén a la prensa. La Presidencia de ha negado permanentemente a incorporar vehículos de reporteros al convoy presidencial.
A partir del accidente, en la Presidencia discuten qué hacer con la prensa. Lo que es un hecho es que las cosas no cambiarán: el presidente seguirá viajando sin compañía de reporteros, la Presidencia no pagará el transporte de los mismos y los medios tendrán que seguirse rascando con sus propias uñas en las giras presidenciales.
La Presidencia no ha mostrado empatía con su “fuente”, y no le interesa hacerlo. Los medios de comunicación piden mejores condiciones para acompañar al presidente en sus giras, pero le hablan al vacío. Ni los ven, ni los oyen.
