Tras la goleada que recibió el FC Barcelona de 8-2 por parte del equipo Bávaro Bayern München en los cuartos de final de la UEFA Champions League el pasado 23 de agosto, el Director Técnico del Barça fue despedido y el equipo emitió un comunicado dejando en claro que sólo le interesaba mantener a sus jugadores más valiosos. Dentro de éstos, por supuesto, está Lionel Messi.
En las últimas semanas surgió la noticia de que Messi había comunicado que no pretendía seguir jugando para el club catalán, a lo que inmediatamente Josep Bartomeu, presidente del Barça dio la negativa a su salida. El argumento utilizado fue que la petición se hizo fuera de tiempo, además de condicionar al jugador a cumplir con la cláusula de rescisión que equivale a 700 millones de euros, o en su defecto, llevar ante los Tribunales el caso para que ahí se resolviese. Inmediatamente, equipos como el Paris Saint-Germain, Manchester City e Inter de MIlán mostraron interés en hacerse del astro argentino con la esperanza de llegar a un acuerdo. Finalmente, Messi decidió continuar en el club que lo ha visto crecer.
¿Qué tienen en común los clubes europeos previamente mencionados además del interés por Lionel Messi?
Es interesante ver que el nuevo orden y/o política internacional no es sólo intrínseco de la economía, política o seguridad, como es acostumbrado, ya que también se ve reflejado en sectores como el fútbol, que se puede observar va de la mano con los cambios globales que se hacen en los altos niveles. La reestructuración de este deporte que une a millones a través del mundo es también el tablero sutil en el que juegan las potencias pujantes por dominar o tener un lugar relevante dentro del cambiante Orden Mundial. Es decir, lo que tienen en común los clubes previamente mencionados es que ni tan casualmente, el fichaje de Messi se habría convertido en una disputa estratégica entre actores políticos y económicos internacionales relevantes con nombres de clubes deportivos.
Los tres clubes de los que se rumoreaba pelearían por hacerse del jugador del Barcelona pertenecen a empresas chinas o a las petromonarquías árabes. Desde que respectivamente compraron a los clubes, se han inyectado sumas millonarias y comprado a jugadores como Mbappe, Neymar o Zlatan en el caso del PSG bajo el mando del multimillonario Qatarí Nasser bin Ghanim Al-Khelaïfi, o en el caso del equipo dirigido por Pep Guardiola que pertenece al político y miembro de la familia real emiratí Mansour bin Zayed bin Sultán Al Nahyan.
Que el nombre del Manchester City y del PSG resonaran en la puja del jugador refleja la constante y fuerte presencia que han adquirido las petromonarquías en el escenario internacional por demás de la economía de petróleo y la influencia creciente que tienen en su región de influencia, el Medio Oriente.
No podía faltar la presencia china en este sector. El Inter de Milán pertenece al grupo Suning Holdings Groups, que al igual que los otros dos clubes, ha hecho inversiones millonarias al club para fortalecerlo y llevarlo a ganar copas, torneos y posicionarse dentro de los más grandes de Europa.
La paradiplomacia es otra de las poderosas herramientas que han utilizado dichas potencias para asegurarse un espacio en el Nuevo Mundo que se ha venido formando desde hace tiempo atrás, y que cada vez se asemeja más a una realidad que a teorías entabladas décadas atrás por los expertos.
