Con este frankenstein electoral pretende Morena y rémoras mantener la mayoría calificada en la Cámara Baja, al tiempo de asegurar el control en casi todas las entidades del país, además de fortalecer a Claudia Sheinbaum en un especie de plebiscito con la revocación de mandato en donde se preguntará a la ciudadanía si desea que la mandataria continúe en su cargo.
La jugada del obradorato tiene sus riesgos porque en una de esas, si se mantiene la inercia de descredito que ha tenido la doctora en los últimos días, puede darse el caso de que la población se vuelque en las urnas para quitarla del puesto.
El oficialismo tiene los órganos electorales totalmente cooptados, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a casi todo el Poder Judicial, lo que significa que la oposición debe tener la capacidad de convocatoria suficiente para arrebatarles el poder.
No hay que olvidar que también viene la reforma electoral que cocina Pablo Gómez y en esta se cierran totalmente las puertas para que se concrete la alternancia en el poder, en virtud de que se eliminarán los espacios de representación proporcional en el Congreso con la finalidad de que los opositores se queden sin senadores y diputados, amén de que se buscará reducir las prerrogativas, acotar las campañas políticas, el financiamiento público y privado, entre otras tantas acciones para instaurar el obradorato por varias décadas.
Desde San lázaro, la mayoría de Morena y aliados se preparan para aprobar la reforma constitucional en esta semana que empatará la revocación de mandato con las elecciones intermedias de 2027 y con ello obedecer a la propuesta original de AMLO.
La intención es reformar el artículo 35 de la Constitución para llevar a cabo la consulta sobre la revocación de mandato en 2027 y con ello permitir que la presidenta irrumpa en los comicios intermedios con toda la fuerza del Estado.
Si de por sí el INE está disminuido en sus capacidades operativas y cooptado por la 4T, ahora se le viene la organización de las elecciones más grandes de su historia con tres tipos de elecciones, la revocación de mandato, la de los partidos y las judiciales, y con un presupuesto acotado, pues en menudo lio estarán, pero eso que importa si al final del día lo relevante para el oficialismo es que arrasen en los comicios con el descarado apoyo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Ante un electorado apático y desinteresado en las elecciones, lo cual quedó demostrado en el pasado proceso electoral de los juzgadores en donde hubo un nivel del abstención de 90 por ciento, qué se podrá esperar en el 2027 con tantos candidatos (miles) y un número progresivo de boletas electorales con la elección judicial.
Se pondrá la mesa en 2027 para que se despache con la cuchara grande la 4T, primero, con la ratificación en su cargo de Claudia Sheinbaum; segundo, con mantener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y para ello cuentan con el Tribunal Electoral; y tercero, ganar el total de las gubernaturas en juego, además de, acompañados con la música de los acordeones, encumbrar a 850 juzgadores afines y plegados a los designios del Poder Ejecutivo.
Mientras que el país se cae a pedazos con la creciente violencia e inseguridad que se enquista en todo el territorio nacional; la inminente recesión económica y el alejamiento de las inversiones que imposibilita la creación de nuevos empleos formales y que el país tenga más ingresos por la vía de impuestos, el gobierno de la 4T se enfoca, como ha sido desde hace siete años, al control electoral para no dejar el poder
