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Desde San Lázaro. Mario Delgado reprobado. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

11 May 2026
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Desde San Lázaro. Mario Delgado reprobado. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/mario_delgado

La educación pública en México no atraviesa por su mejor momento. Los resultados en comprensión lectora, matemáticas y ciencias muestran rezagos acumulados durante años, agravados por la pandemia y por decisiones administrativas que, en lugar de atender el problema de fondo, parecen responder a ocurrencias de corto plazo. En ese contexto, la propuesta de Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública, de adelantar cinco semanas el cierre del ciclo escolar en educación básica encendió las alarmas entre docentes, alumnos, padres de familia, tutores y especialistas.

La medida, impulsada por Delgado, dejó al descubierto la desconexión entre la alta burocracia educativa y las necesidades reales de millones de niñas, niños y adolescentes. El argumento para ajustar el calendario —las altas temperaturas y la logística asociada al Mundial de Futbol de 2026— fue recibido con escepticismo y, en muchos casos, con abierta indignación.

Porque si con un ciclo escolar completo los estudiantes mexicanos ya enfrentan severas deficiencias de aprendizaje, recortar días efectivos de clase solo profundiza el rezago. El problema no es menor. Cada jornada escolar cuenta en un sistema que arrastra déficits estructurales y donde miles de alumnos apenas logran alcanzar los aprendizajes mínimos esperados.

La reacción fue inmediata. Organizaciones civiles, expertos en educación y sectores de padres de familia advirtieron que la decisión afectaría directamente el derecho de los menores a recibir una educación de calidad. Incluso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –que trae una Piedra atada al cuello-  expresó preocupación por las implicaciones de una medida que colocaba a los estudiantes en una situación de vulnerabilidad.

En San Lázaro, el malestar también se hizo evidente. Legisladores de distintas bancadas cuestionaron la falta de consulta y el impacto de una decisión que alteraba el calendario académico sin un análisis integral. La inconformidad se extendió entre gobiernos estatales, particularmente aquellos encabezados por la oposición, que optaron por mantener el calendario original y desmarcarse de la propuesta federal.

La controversia exhibió, además, la falta de coordinación al más alto nivel. Versiones políticas apuntan a que la medida no habría sido consultada de manera suficiente con la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que explicaría el rápido replanteamiento de la decisión y la expectativa de que la Secretaría de Educación Pública dé marcha atrás.

Más allá del episodio, el caso reaviva cuestionamientos sobre la conducción de la política educativa. La Secretaría de Educación Pública es una de las dependencias más sensibles del Estado mexicano. De sus decisiones depende el desarrollo de generaciones enteras y, en buena medida, la competitividad futura del país y la visión de la nueva escuela mexicana.  Por ello, cualquier ajuste al calendario escolar debe obedecer a criterios pedagógicos sólidos y no a consideraciones administrativas o coyunturales.

La preocupación es mayor porque la educación mexicana sigue enfrentando desafíos de gran magnitud: infraestructura insuficiente, brechas tecnológicas, abandono escolar y bajos niveles de aprendizaje. En este contexto, reducir el tiempo efectivo de enseñanza manda una señal equivocada y contradice el objetivo de elevar la calidad educativa.

También deben considerarse los efectos operativos de una decisión de esta naturaleza. El adelanto del cierre de cursos impacta la planeación de docentes, la organización familiar y la operación del sistema educativo en su conjunto. Padres y madres de familia ajustan horarios, actividades y recursos en función del calendario escolar. Alterarlo de manera repentina genera incertidumbre y costos adicionales.

El episodio también tiene implicaciones políticas. Mario Delgado Carrillo llegó a la SEP tras una trayectoria partidista en Morena plagada de claroscuros y con el sospechosismo de haber triangulado recursos del huachicoleo fiscal a campañas políticas de sus candidatos en diversas entidades del país.

Y ahora, la improvisación e ineptitud llegó a su punto más álgido con el cierre anticipado del ciclo escolar.

La lectura es contundente: el sistema educativo no puede conducirse con improvisaciones. La prioridad debe ser recuperar aprendizajes, fortalecer contenidos y garantizar que los estudiantes cuenten con las herramientas necesarias para competir en un mundo cada vez más exigente.

Rectificar la medida sería una señal positiva, pero no suficiente. Lo verdaderamente importante es que la política educativa vuelva a centrarse en el interés superior de la niñez y no en decisiones ideológicas y administrativas tomadas a puerta cerrada. La educación exige planeación, sensibilidad y conocimiento técnico.

El derecho a la educación no admite improvisaciones. Y cuando las decisiones se alejan de las necesidades reales de los estudiantes, el costo no lo paga el funcionario en turno, sino toda una generación.

Por lo pronto, quien adelantó su salida de la SEP fue precisamente Mario Delgado. 

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