El Premio Nacional del Emprendedor entregado por el presidente Enrique Peña Nieto a Manuel Arroyo Rodríguez es otro merecido reconocimiento al dueño del periódico El Financiero y avala la carrera empresarial de un mexicano que hace 25 años estaba ante el dilema de seguir estudiando o de plano romper el paradigma de que un joven de 17 años no podía ser representante de una empresa norteamericana en nuestro país.
Con la venta de un Tsuru destartalado y algunos ahorros, pero, sobre todo, con mucho corazón y valentía adquirió una de las primeras antenas parabólicas que se introdujeron al país y a falta de técnicos especializados, el aprendió el know-how de estos aparatos y con ello vinieron más solicitudes de compra y por fortuna creció el gusto por los armatostes que se empezaron a ver en las casas más pudientes de la ciudad de México.
Con el paso del tiempo, Manolo, como le dicen sus amigos, fundó su empresa especializada en telecomunicaciones y con ella armó los estudios de las televisoras más importantes del territorio nacional.
Claro, el periplo de Manolo estuvo plagado de éxitos, pero también de varios fracasos que pusieron en riesgo, en varias ocasiones, no solo su patrimonio, sino el de su familia, bueno para ser justos, el de su mamá Laurita y de sus amigos más cercanos.
Ya con una fortaleza empresarial y con expectativas sólidas de crecimiento, consolidó su liderazgo en el sexenio de Felipe Calderón.
Ahora no solo dirige a El Financiero, que por cierto hace apenas siete años estaba al borde de la quiebra y que de no ser por Manolo hubiera desaparecido, sino a todo un consorcio de empresas con inversiones en telecomunicaciones con presencia en varios países de América Latina y Centroamérica.
Como le sucede a todo triunfador, las envidias, la perfidia y las mentiras han tratado de empañar una carrera que a todas luces ha sido exitosa. Cuando Manolo saltó a la palestra pública por la compra del periódico, de inmediato lo vincularon a varios personajes, como presunto prestanombres, sin embargo, con el paso del tiempo, esas versiones quedaron exhibidas ante la realidad y sus propaladores quedaron en ridículo.
Los pronósticos sobre el éxito de Manolo en el salvamento del periódico eran negativos, pocos se atrevían a apostar por el proyecto, empero, a base de visión en los negocios y sobre todo en la capacidad de rodearse de los mejores, convenció a Enrique Quintana para dirigir a El Financiero, en esa nueva etapa y por supuesto la decisión fue acertada, ya que ahora el periódico es principal referente en el acontecer nacional.
Significativo el hecho que en el evento en donde se anunciaron logros relevantes de la actual administración, como el alcanzar cuatro millones de empleos formales, se haya entregado este reconocimiento que, por cierto, no fue el único otorgado por Peña Nieto a Manolo, ya que hace cuatro años, fue reconocido como el empresario del año.
Parco, a la hora de hablar en público y más si es sobre sus logros, Manolo se concentra en los retos que se avizoran en el futuro tanto en México como en el mundo: “Soy un emprendedor que cree en mi país, por ello seguiremos invirtiendo y generando empleos en México e impulsando el desarrollo de nuevas tecnologías en el ámbito de las telecomunicaciones”.
En relación a la nueva etapa que se inscribirá en la historia de México, con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, Manolo, el emprendedor eterno, está dispuesto a apoyarlo hasta el límite de sus capacidades, ”Como ha sido y será con los presidentes de este gran país”.
