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Notas principales

A propósito de la alianza opositora que está en proceso de negociación entre el PAN y el PRD, para ir juntos en la elección para gobernador del Estado de México, con Alejando Encinas Rodríguez como prospecto más viable a encabezar la candidatura que haga frente al PRI, en este espacio recordamos lo que en algún momento nos expresó el diputado federal del Movimiento Ciudadano, René Cervera: “El pragmatismo parece invadir la política de una manera alarmante”.

 

  • Con ESE propósito m Firmo dos Decretos:

 La deducción inmediata de las inversiones Que realicen las micro Y Pequeñas Empresas baño 2017 y 2018.

 Un Programa temporal para la Repatriación e Inversión en el país de capitales mexicanos mantenidos en el Extranjero.

 

·        Plantea que, por encima de todo, posible renegociación del TLCAN deberá beneficiar a nuestro país

·        Nuevo embajador ante EU tendrá que dar resultados inmediatos en la defensa de nuestra soberanía y los connacionales

El presidente de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, Javier Bolaños Aguilar, afirmó que la decisión sobre el incremento en los precios de los combustibles está sólidamente sostenida en el Ejecutivo federal y cada quien tiene que asumir su responsabilidad en el ejercicio de la función pública.

Agosto 2026
NO A LA CENSURA

La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

México no puede recorrer ese camino.

Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

Pero que empiecen por casa.

Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.

El quinto partido está más cerca que nunca

La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.

JUNIO 2026
La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.

Mayo 2026

América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

Jardine perdió el control del proyecto

El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

Los extranjeros que deben salir

La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

Brian Rodríguez

Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

Alejandro Zendejas

Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

Las Águilas necesitan:

3 delanteros contundentes.

1 mediocampista con creatividad.

2 defensas centrales con liderazgo.

3 Laterales con mayor profundidad.

¿Continuidad o cambio en el banquillo?

La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

La afición ya no tolera más fracasos

La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

El descontento es creciente y la paciencia se agota.

Se acabó el tiempo de las contemplaciones

El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.

MAYO 2026

**PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.