Ver para creer. Lo que parecía una reunión de trámite de la alcaldesa de Álvaro Obregón, la morenista Layda Sansores, ante el Congreso local de la CDMX, no lo fue y si en cambio sirvió para que se confirmara lo que hasta ahora eran simples rumores en la gestión administrativa de algunos gobiernos de la otrora Ciudad de los Palacios. Se dice “que en esa y otras alcaldías el amiguismo, el influyentismo y la corrupción están a la orden del día” y eso que son banderas que en el discurso combate el gobierno de la 4T.
Esta historia, por inverosímil que parezca, se dio el miércoles de esta semana cuando la oriunda de Campeche fue duramente cuestionada por legisladores de diversos partidos, pero la mecha que prendió el fuego fue la intervención de las diputada de su propio partido, Guadalupe Morales Rubio, Presidenta de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, quien, entre otras cosas, lamentó que la alcaldesa no haya llevado prácticamente nada de información relacionada con el proyecto de presupuesto 2020 para los habitantes de la tercer demarcación con mayor población en la ciudad. “Entonces a que vino”, le espetó la legisladora a la funcionaria.
El diferendo se presentó cuando Layda Sansores se reunió con diputados integrantes de las comisiones unidas de Hacienda y Cuenta Pública del congreso local, y la poca información que entregó, o comentó, prácticamente se diluyó ante lo que muchos de los presentes consideraron como “fuego amigo”. Porque –dijeron- son lógicos los fuertes desencuentros cuando estos provienen de legisladores de oposición, pero no cuando “somos del mismo partido”, explicaron.
Pero si la reunión fue poco diplomática entre los morenistas, lo más delicado fue cuando al término de la misma las referidas alcaldesa y legisladora se sinceraron y hablaron de más, y que por supuesto nadie de los que escucharon sus declaraciones logró diferenciar sus acusaciones entre lo que se llama transparencia y rendición de cuentas, y cinismo.
Layada confesó que la diputada aludida le recomendó, al inicio de su gestión, a una hermana, hecho que ella aceptó y la puso a cargo de la ventanilla única, pero empezaron a surgir problemas y decidió cambiarla. “Con mucho cariño, tratando de apoyar a la compañera”, expuso.
Guadalupe Morales, por separado, reconoció que tenía a su hermana trabajando bajo las órdenes de Layda, pero que ese asunto no debía ser utilizado por la alcaldesa para “desviar la atención por la mala gestión de recursos que ha hecho en Álvaro Obregón”.
Los dimes y diretes hablan no hablan de una amistad, pero si de un rompimiento en los acuerdos políticos en los que al parecer la máxima era “Tú me apoyas y yo te cubro” o algo así como “Yo te doy y todos contentos”. Sea cual sea de esos dos escenarios, lo cierto es que el rumor más insistente en ese rompimiento es que hubo diferencias por “la repartición del botín”.
Historias como la anterior no son exclusivas de Álvaro Obregón, que va. En Gustavo A. Madero y Tláhuac hay acusaciones de nepotismo y favoritismo, en Tlalpan se dice que el esposo de Patricia Aceves es quien gobierna, y así los rumores de historias negras se repiten por todos lados de la ciudad.
Dirán que en esos acuerdos no hay nada ilegal, pues tal vez no, pero si inmoral, porque de lo contrario no estaríamos frente a acusaciones mediáticas sino ante procesos judiciales, pero no, al parecer el rompimiento de un acuerdo político se arregla con otro.
Y mientras el lodo salpica a los alcaldes morenitas, la población capitalina sigue esperando respuestas en temas de inseguridad, transparencia y rendición de cuentas, mejores servicios y mucho más… pero todo eso puede esperar, porque al parecer lo que importa es el botín.
