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Orbi 21. No estamos en guerra, ¿cachái o no cachái? Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

24 Oct 2019
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Se ha visto en el transcurso de este mes el estallido de protestas sociales alrededor del mundo. Ecuador, Iraq, Cataluña, Líbano y las que ya tienen tiempo de estar presentes como el caso de Hong Kong. Esta vez, la sorpresa fue de nuevo en el continente americano con el país chileno. Chile es uno de los países de la OCDE que cuenta con índices positivos en cuanto a empleo y remuneración, el balance trabajo y vida, educación, seguridad personal y bienestar subjetivo, de acuerdo con datos de la propia OCDE de 2017. Entonces es pertinente preguntar, ¿por qué han salido los chilenos a las calles de las principales ciudades del país a manifestarse?

         A pesar de lo que reflejan los números de bienestar en Chile, la situación real y cotidiana habla de una realidad distinta. Existen distintos factores que han colmado a los chilenos como el sistema de pensiones que no está siendo satisfactorio. El 80% de las personas en Chile recibe pensiones que son menores al sueldo mínimo. Es decir, que la redistribución en el país no logra romper con la desigualdad. En segundo lugar, el sistema de salud chileno también se muestra deficiente, y de igual forma representa una fuerte desigualdad; sólo el 20% de la población tiene los medios para acceder al sistema privado de salud, mientras que el otro 80% tiene que asistir al Fondo Nacional de Salud, parte del sector público que presenta fuertes deficiencias como ausencia de hospitales y especialistas, la atención primaria de salud para prevenir enfermedades, entre otros factores. Existen otras situaciones de importancia como la privatización del agua, la educación y la movilidad social, abusos y corrupción, que se han visto en distintas instituciones gubernamentales, así como el problema sin resolver del transporte público.

         A propósito de este último factor, el anuncio que dio el presidente Sebastián Piñera sobre el aumento en los costos del transporte público fue la “gota que colmó el vaso” de todas estas insatisfacciones y reclamos que ahora se hacen escuchar con manifestaciones violentas que han dejado hasta el día de hoy 18 muertos. Se habla de una crisis neoliberal chilena bajo el mandato del presidente ultraderechista actual, con quien las esperanzas de una mejora en la situación social en su país se han esfumado. Las declaraciones que el mismo Sebastián Piñera ha realizado sobre dichas movilizaciones con la frase célebre de “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable que no respeta a nada ni a nadie” han hecho que los estudiantes y jóvenes que han salido a las calles de Santiago se enfurezcan aún más y reclamen con más ahínco la mejora de la situación del país en general, llegando a niveles de violencia que avivan los recuerdos de la época de la dictadura de Augusto Pinochet.

         Las rebeliones no se basan en el simple hecho del alza de los costos del transporte publico, eso es sólo la punta del iceberg que se vislumbra de la crisis neoliberal en el país latinoamericano. Los elementos previamente mencionados no han sido resueltos ni por el gobierno de la exmandataria Michelle Bachelet y menos aún por el de Sebastián Piñera, dejando a los jóvenes estudiantes desalentados y sin esperanzas de una mejora. Entonces, queda preguntar, ¿qué es lo que les espera a los chilenos hartos de la situación que se vive en el país? Lo que es cierto, es que será muy difícil para el gobierno no reaccionar ante las demandas y pretender continuar con normalidad ya que las reclamaciones son cuestiones básicas que el Estado chileno tendría que atender de inmediato para seguir ostentando el título de oasis latinoamericano. 

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