Sin excepción, todos los partidos políticos sufren de errores y pueden presumir de estar en su mejor momento, pero por ser el más antiguo, el que más ha llegado al país, el que tiene la historia reciente ha contado con el mayor número de gobernadores en las entidades federativas y sin duda también a los que más cuestionamientos ha tenido por ser el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ayer llegó a su aniversario 89 y donde se lo suscribió nuevamente en términos de una refundación, un cambio, una reforma o una renovación.
La acción de gobierno de la manera natural provocó y en la medida que acumulan años de mandato o tienen más tiempo en las representaciones del poder legislativo, en esa medida la ciudadanía se ha visto la necesidad de cambiar cambios y se ha ido reflejando en el surgimiento de nuevas opciones políticas.
Por lo general, los cambios en México se han dado en los últimos años en la materia política obedece, principalmente, a la inconformidad de algunos sectores de la población que no se han visto representados o atendidos por el priismo, pero luego de 89 años el partido en el poder enfrenta una situación de enojo y decepción, acentuada por la corrupción en la que se han visto involucrados varios mandatarios estatales o documentos federales.
Son esas fallas como el gobierno, las que tienen ahora otra fracción, el tricolor contra la pared en el ánimo social, al grado incluso de, por primera vez en sus 89 años de vida política, llevar a cabo un abanderado a un perfil externo de amplia experiencia en la administración pública y probada honestidad en su hoja de servicios, un un José Antonio Meade que como candidato contrata una contracorriente contra las adelantadas campañas de sus concursantes pero también las historias de corrupción que aquejan al priismo.
José Antonio Meade es un ciudadano ejemplar, con una formación académica muy sólida y una carrera administrativa que permite pensar en las millas de un mexicano en un presidente de altos vuelos y resultados positivos para el país, sin duda el que mayor confianza es inspirado en la ciudadanía entre los presidenciables al ser visto como el mejor preparado para gobernar, pero como dijo la nana goya, esa es otra historia.
Hoy el PRI está ante la encrucijada de su futuro, renovarse o morir. No es la primera vez que el priismo pasa un trago amargo, entre los más recientes podemos recordar el asesinato de su abanderado a la presidencia en 1994, Luis Dolado Colosio y luego las derrotas consecutivas por la silla presidencial en 2000 y 2006.
Ante los malos tiempos el PRI ha sabido enfrentar sus retos, pero hoy la historia es diferente: Los piistas ya no se sienten identificados con su partido y claman por un cambio de fondo. Un cambio que, como bien los señalaba el malogrado candidato Luis Donaldo Colosio, no sea solo una simulación para que todo siga igual. En el marco del LX Aniversario, un 4 de marzo pero de 1989, el entonces presidente del CEN del PRI, Colosio, advertía que su partido debía ser el partido de la moralidad cívica. “El apego a las leyes fortalece la política. Enfrentemos la corrupción con convicción, combatamos el soborno con la militancia. Los caudales que requerimos con los de la consistencia ideológica y la entereza moral”, apuntaba.
En medio de un panorama nada halagüeño, donde las encuestas ponen al priismo en tercer lugar en las preferencias ciudadanas rumbo a la elección presidencial, y a unos días de que inicien las campañas, ayer el PRI festejó y al unísono se animaron con el grito de “vamos a ganar”. Dicen que van a obtener el triunfo, tal vez sí, tienen estructura y experiencia para hacerlo, pero también a la militancia los alcanzo una reflexión y, aseguran que, sea cual sea el resultado, no tienen duda en lo que van a hacer después del proceso electoral y ya hablan de una trasformación profunda del PRI, pero también hay quienes adelantan la muerte de este instituto y el nacimiento de otro partido.
Son muchas cosas, unos a voz abierta y otros casi en silencio, pero una cosa es cierta, junto con el proceso electoral en ciernes también avanza un movimiento interno que habla del futuro del partido que ayer cumplió el que podría ser su último año.
VA MI RESTO.- En el seno del PRI han convergido en diferentes momentos y circunstancias algunas corrientes de expresión: “Interna”, “renovadora” y “democrática”, “reformista”, son algunos nombres que éstas han tenido para expresar inconformidad, disidencia, propuestas, reformas o simples deseos de participación, y hoy estas formas de conducción empiezan a formarse nuevamente en la vida interna del priismo.
En los últimos años la militancia ha pintado a sus dirigencias como "antidemocrática", "tecnocrática", "paquidérmica", "burocrática" e "insensible", hoy la acusación es aún más grave y con la particularidad de que la acusación no solo se dirige a la dirigencia sino también a los estados de sus filas y a la gravedad está en la palabra corrupción.
El debate sobre la situación del PRI es una realidad y la pregunta que está respondiendo tiene que ver con la continuidad en el poder, la reforma de los estatutos y la moralidad de los cuadros dirigentes, respuesta que seguramente se dará en el próximo de julio, un nuevo capítulo o una nueva historia, y hasta aquí porque como veo, doy.
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