El saldo en el posicionamiento de los precandidatos en la llamada fase de precampaña, luego de 40 días es contundente; Ricardo Anaya no levanta un peso de que se ha empeñado en atacar a José Antonio Meade, mientras que AMLO se duerme en sus laureles y trivializa los asuntos tan relevantes como la injerencia en la campaña política de Estados Unidos y ahora en México.
El caso del abanderado del PAN, PRD y MC recoge cada semana el recuento de las dimisiones de perredistas y panistas hacia otras opciones políticas, al tiempo que sus números están más desangelados y desolados que un año entre semana.
Tanto en los spots como en sus arengas, Ricardo Anaya se ha enfocado en atacar al abanderado del PRI, PVEM y Nueva Alianza con el tema de la corrupción, empero en este punto no hay venta bien librado debido a la estela de sospechosismo que existe a su extraño enriquecimiento y el de su familia política. Sin duda ya en la campaña, de abril a junio, saldrán a la luz otras pruebas y evidencias que le terminan de mandarlo a un tercer lugar.
En este tema, el de la corrupción, Meade insiste en que la principal arma que tiene el estado contra los corruptos es confiscar sus bienes, no solamente los que están en su nombre, sino los que están en un nombre de terceros y precisamente con este tipo de las cosas, las vías y las raíces, y las cosas que inventa López Obrador, como se puede exterminar el principal cáncer que lastima a la sociedad.
Anaya no conecta con el electorado, en lugar de construir una imagen fresca y renovada como un político joven, prefiere usar el viejo discurso demagógico que nos recuerda a los dictadores que tanto daño que han hecho a la humanidad. Es un político joven con un discurso obsoleto y anquilosado. Mal ha empezado y seguramente terminará así.
Además, a pesar de que el ex líder del PAN no enfrenta aún los torpedos que le esperan en las próximas semanas por parte de sus adversarios como Margarita Zavala, en este lapso denominado de precampaña, no ha aprovechado este remanso de paz y en lugar de presentarse como un candidato diferente se ha dedicado a un enaltecer su ego con mensajes como aquellos en donde habla inglés, francés y toca cumbias o más aún cuando hace fiesta por llevar a cabo su hijo a la escuela.
Su postura regresiva y antidemocrática le llevó a cobrar facturas y más que las palabras, los hechos y su trayectoria política y personal terminarán por desplomarlo en las preferencias electorales.
El lenguaje corporal y la imagen personal de Anaya son los propios de un líder fracasado que de un político que quiere ser presidente de México. Con su vestimenta y corte de cabello se empequeñece más al lado de sus contrincantes políticos.
Otro error que ha presentado Ricardo es que no ha logrado conformar un equipo profesional que encargue la comunicación social y menos las redes sociales. Una es la guerra que hace contra Meade en las redes y otra en la relación profesional e institucional con los medios y sus representantes, así como el manejo de la información digital. Las empresas en su logística están a la orden del día.
Así las cosas diremos que quien empieza mal acaba.
En un balance general, las precampañas solo han provocado hastío y apatía por parte de la ciudadanía. En todos los sondeos se muestra indiferencia a los mensajes y si no aprovechan los candidatos el período de intercampaña que se avecina en febrero, para mejorar su oferta electoral porque el abstencionismo y la desilusión entre los jóvenes es la constante.
