Mañana el presidente electo, el compañero López Obrador, se reúne con los padres de los normalistas. Va a tener una reunión dificilísima, durísima, que no quisiera nadie estar en sus zapatos porque sin ser responsable de ese crimen de Estado, y sin haber tomado todavía las riendas del gobierno, tendrá que recibir, platicar, escuchar, apoyar a los padres y madres de los normalistas.
Enrique Peña Nieto se ha reunido una sola vez con ellos en estos cuatro años. Padres y madres, muchos de aquí lo somos, les pido que por un segundo se pongan en los zapatos de estos padres y de estas madres. No creo que aguantáramos más, que te maten un hijo, una hija, debe ser una prueba durísima, terrible. Que te lo desaparezcan debe ser una tortura inaguantable, que sea una desaparición forzada.
Imaginen a esos padres y a esas madres que durante cuatro años todos los días se levantan con el dolor a cuestas exigiendo saber qué pasó con sus hijos, exigiendo que los presenten con vida.
Imagínense a esos padres y a esas madres yendo a ver restos, yendo a identificar cadáveres, tocando puertas, exigiéndole al Ejército, exigiendo al gobierno, escuchando burlas, escuchando necedades.
Oyendo hace unos días en su propaganda de su parodia de informe, a Enrique Peña Nieto diciendo que los padres no aceptan la verdad. ¿Cuál verdad? Le preguntaría yo, señor presidente. Su verdad, que es absolutamente una falta de respeto al mínimo de inteligencia de nuestro pueblo, esa verdad mal llamada histórica donde un cansado procurador dijo que los había matado el narco y había quemado sus cadáveres.
¿Es esa verdad insostenible que implica burla cuando se encontraron los restos de un normalista desaparecido, y a dos años de ello el padre sigue esperando que le entreguen esos restos para cerrar el círculo, hacer el sepelio y dar por concluida esa tragedia, por lo menos formalmente?
Una verdad que ha sido desmontada por los especialistas internacionales. Cualquiera que lea el libro Historia oral de la infamia, de Gibler, puede tener meridiana claridad de la pesadilla que se vivió en Guerrero el 26 de septiembre.
Cualquiera que lea Ayotzinapa, la hora, los rostros, de Tryno Maldonado, puede saber que fue el Ejército, que fue la Policía Federal, que fue la policía del estado quien detuvo a esos estudiantes y que en una noche interminable los persiguió, los acosó. Asesinó a varios ahí en el lugar.
A un joven le quitaron la cara vivo todavía, lo desollaron en el lugar. A un joven lo dejaron ahí como si hubiera sido asesinado y sigue a estas alturas en una condición de su salud, conformándose el gobierno de Enrique Peña Nieto con unas migajas que da tarde, mal y nunca.
No ha habido ni la mínima solidaridad con los padres y las madres de las normalistas. El país está bañado en sangre, somos el segundo país de periodistas asesinados del mundo, más de 2000 mil desparecidos, matanzas a lo largo y ancho de la nación, pero el crimen de Ayotzinapa sellará por siempre y señalará por siempre a un asesino monstruoso que se llama Enrique Peña Nieto. Él es el responsable central de este crimen terrible que agravia a nuestro pueblo.
Y cada que se oye la cuenta de los 43, se necesita no tener sangre en la venas para no levantarse, para no gritar, para no exigir que estas cosas no deber seguir sucediendo en nuestro país.
A 50 años del crimen del 2 de octubre, se repite un crimen, si se permite, mucho más monstruoso, porque es cobarde y porque la autoridad que lo hizo se sigue protegiendo a sí misma.
Tendrá que ser nuestro gobierno popular el que haga justicia. Tendrá que hacerse una comisión de la verdad que llegue hasta las últimas consecuencias. Los padres y las madres de los normalistas merecen saber qué pasó, y ahí no puede haber ni perdón ni olvido.
Nosotros, la fracción del PT, y con eso termino, no exhortamos, exigimos justicia porque no se aguanta más, está herida abierta en el cuerpo de nuestra nación. Justicia.
@mariosanchez_mx
