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Se tenía que decir… ¿Pedir perdón a los zetas? Por: Santiago Cárdenas. Destacado

12 Ago 2019
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Los más importantes estudiosos de la comunicación aseguran que los hechos están siempre envueltos en varias verdades. Apegándonos a esta teoría, debemos entonces entender que la historia más contada o más difundida es la que impera siempre. En México, no necesariamente es la verdad de los vencedores la que siempre se difunde, sino la que más se ajuste a los intereses nacionales del momento.

 

Aún en estos tiempos, en las escuelas primarias del país se les sigue enseñando a los niños que Juan Escutia, un supuesto cadete del Heroico Colegio Militar, se envolvió en la bandera nacional el 13 de septiembre de 1847 y se arrojó desde lo alto del Castillo de Chapultepec para evitar que los soldados de la invasión estadunidense mancillaran el lábaro patrio. Esta romántica leyenda es una de las más socorridas de la historia oficial, a pesar de que se ha documentado que Escutia no era cadete y tampoco se envolvió en la bandera nacional, y quien sí lo hizo días antes, el 8 de septiembre de ese año, fue el capitán Margarito Zuazo, uno de los últimos oficiales en caer en la Batalla del Molino del Rey.

 

Al presidente Andrés Manuel López Obrador, obsesionado en cómo pasará a la historia, lo rodea una comparsa que ya está aprendiendo a acomodar los hechos de la manera más conveniente para el lopezobradorismo.

 

El ejemplo más reciente es el padre Alejandro Solalinde Guerra, un sacerdote católico y activista defensor de los derechos humanos de los migrantes, coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del Episcopado Mexicano y director del albergue Hermanos en el Camino, con base en Ixtepec, Oaxaca, dedicado a la asistencia integral a migrantes centroamericanos que pretenden llegar a los Estados Unidos.

 

Durante años, desde la creación del albergue en 2007, el padre Solalinde ha sido un duro crítico de la inacción de gobiernos para dar trato humano a los migrantes. En 2012, el padre Solalinde recibió de manos del entonces presidente Enrique Peña Nieto el Premio Nacional de Derechos Humanos, consistente en una medalla de oro ley 0.9000 que en el anverso lleva la inscripción “Premio Nacional de Derechos Humanos” y en el reverso el nombre de la persona ganadora del Premio, el año y la leyenda: “Por la promoción efectiva y defensa de los derechos fundamentales”; además de un diploma firmado por el presidente de la República, y 250 mil pesos.

 

En esa ocasión, el padre Solalinde destacó en un improvisado discurso que la represión no es la solución a ninguno de los problemas que enfrenta el país. También se pronunció a favor del diálogo por encima de todo.

 

Alejandro Solalinde, sin embargo, ha permanecido callado sobre las nuevas políticas migratorias aplicadas en México y dictadas por Washington. Con el cambio de actuación por parte del gobierno de México, enfocada principalmente a la detención de migrantes centroamericanos para evitar que lleguen a los Estados Unidos, el lopezobradorismo dio un giro a su ideal de pasar a la historia como el gobierno humano que abrió los brazos a la migración centroamericana.

 

De hecho, el reporte más reciente del gobierno de Donald Trump señala que en julio cayó un 21 por ciento la detención de migrantes en su frontera sur. En mayo de este año se registraron 144 mil 266 detenciones de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos; en junio ese número bajó a 104 mil 344 personas detenidas, y en julio los migrantes detenidos fueron 82 mil 49. Esta disminución es resultado de las amenazas de Trump al gobierno de México, que a la fecha ha enviado a 21 mil elementos de la Guardia Nacional a las fronteras norte y sur del país para contener la migración centroamericana que busca llegar a la Unión Americana.

 

Solalinde tampoco ha hecho públicas sus opiniones sobre la presencia del 30 por ciento de la Guardia Nacional en ambas fronteras con fines migratorios. Recientemente, el padre Solalinde sí pidió “perdón a los Zetas, a todos los delincuentes y a todos los hermanos que les hemos fallado, que son víctimas de una sociedad enferma que no supo darles apoyo, que no supo darles valores”. Los criminales, añadió, “son las primeras víctimas de un gobierno corrupto, capitalista, neoliberal, enfermizo y fallido”. Cuando hizo estas declaraciones, ¿se refería al mismo gobierno que lo premió?

 

¿Por qué Solalinde ha permanecido callado ahora? La respuesta es sencilla: no quiere abonar a la versión que ya circula, que acusa al lopezobradorismo de ser el peor en materia migratoria. La falta de experiencia, estrategia y capacidad en el manejo de la relación con los Estados Unidos llevaron al gobierno de México a doblarse rápidamente ante una amenaza que difícilmente cumpliría el presidente Trump.

 

En el lopezobradorismo acusaron al gobierno de Peña Nieto de abrirle las puertas a Trump después de sus insultos a México. Hoy, el gobierno de López Obrador le abre la puerta a la reelección de Trump concediéndole los argumentos para presumir de una importante reducción de la migración ilegal a la nación americana.

 

Pero de eso no opinará Solalinde. Prefiere estar del lado de quienes buscan que la historia sea benévola con el mandatario.

 

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