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Convergencias y divergencias. “A mano alzada”, modalidad de la nueva participación ciudadana en el CDMX. Por: Ariscófanes Destacado

13 Ago 2019
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Desgastados y con poca presencia, ayer llegaron a su fin los órganos de representación ciudadana conocidos como comités vecinales. Con 45 votos a favor, cero en contra y cuatro abstenciones del PRD, el Congreso de la Ciudad de México aprobó, en sesión extraordinaria este lunes, la nueva Ley de Participación Ciudadana y dos horas después el gobierno capitalino publicó la nueva figura legal en la Gaceta de la CDMX.

Intentos de renovar, de elegir o de reorganizar los comités vecinales hubo muchos, como también en el legislativo local se intentó en varias ocasiones reformar la Ley de Participación Ciudadana, pero cuestiones políticas, o mejor dicho intereses partidistas, se opusieron una y otra vez con el argumento de que “no existían condiciones”, lo cual era interpretado entre la ciudadanía como un miedo a la democracia.

Durante veinte años, la Colonias, Barrios o Unidades Habitacionales, tuvieron la misma figura de representación vecinal, donde, incluso, muchos ya no existían y más del 80 por ciento estaban desarticulados, mientras que otros lo integraban un solo miembro o integrante del Comité.

Fue en el año de 1995 cuando la entonces Asamblea de Representantes del Distrito Federal aprobó la primera Ley de Participación Ciudadana, con lo que en la ciudad de México se establecían instancias de participación vecinal mediante las llamadas audiencias, la difusión pública de los programas de gobierno, la consulta y recorrido periódicos en que la autoridad delegacional se veía obligada a realizar. Los representantes comunitarios que entonces surgieron se conocieron como Consejeros Ciudadanos y entre sus facultades estaba el de aprobar los programas operativos de los delegados políticos, en tanto que la autoridad estaba obligada a responder con oportunidad a los asuntos del interés ciudadano.

Tres años más tarde, obedeciendo más a cuestiones políticas que en la observancia de la operatividad de la referida ley, en 1998 el Jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, promueve una segunda Ley de Participación Ciudadana y con esa nueva legislación se da paso a la creación de los hasta ayer denominados Comités Vecinales, siendo el Instituto Electoral del Distrito Federal el encargado de organizar la elección de los comités que representarían a pueblos, colonias, barrios y unidades habitacionales. En total se eligieron mil 352 comités para un periodo de tres años cada uno y el proceso de elección se llevó a cabo el 4 de julio de 1999.

De mil 352 comités existentes en 1999, veinte años después el número creció a mil 442.

Aunque, en 1997, en lo político los habitantes del Distrito Federal eligieron por primera vez a su Jefe de Gobierno y en 2000, también por primera vez, eligen mediante el voto a los Jefes Delegacionales, desde entonces, a la fecha, poco se hizo para fortalecer las figuras de representación ciudadana en la ciudad capital, por tanto, ahora, después de lo aprobado en el Congreso de la Ciudad de México, hay que esperar a ver cómo funcionan las nuevas figuras que se llamarán Comisiones de Participación Ciudadana con lo cual, se argumenta, se respeta el voto directo de los vecinos y en términos coloquiales no es otra cosa más que “la mano alzada”, y ejercicios de ese tipo ya se han visto en la aprobaciones de los proyectos del nuevo Aeropuerto Internacional Ciudad de México, el Tren Maya y otros de la actual administración.

La nueva ley también garantiza un incremento gradual y piso mínimo a las colonias para ejercer el presupuesto Participativo, creciendo pasando del 3% al 4%, y que serán las alcaldías las que directamente destinarán los recursos a las referidas Comisiones, pero después de ver lo de la mano alzada esas son habas que se cuecen aparte y en ese sentido los augurios para nueva modalidad de participación vecinal no pintan nada bien.

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