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Se tenía que decir…De moches y cañonazos. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

23 Ago 2019
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El discurso público del lopezobradorismo, y del morenismo en general, ha sido el del combate a la corrupción. Sin embargo, en el breve lapso que llevan en el poder se han registrado numerosas muestras de que el discurso público dista mucho de apegarse a la realidad.

 

Las prácticas de corrupción de quienes hoy integran Morena no son nuevas. Basta recordar las ligas de Bejarano, las llamadas de Dolores Padierna que se hicieron públicas cuando era delegada, al secretario de Finanzas del entonces Distrito Federal jugando en Las Vegas, o incluso el no saber hasta ahora de qué vivió Andrés Manuel López Obrador durante décadas en las que, al parecer, nunca presentó declaraciones de impuestos. Eso también es corrupción.

 

En los tiempos actuales, los actos de corrupción se manifiestan de diferentes maneras. Hoy vemos a un gobernador electo, perteneciente a las filas de Morena, que busca afanosamente prolongar su periodo de gobierno de 2 a 5 años. Nadie que tenga dos dedos de frente se traga el discurso de que el pueblo de Baja California así lo desea y que por ello el gobernador se sacrifica para gobernar tres años más. Esa ha sido la versión de la presidenta del partido, del propio gobernador electo y de otros allegados a Morena. El presidente de la República se ha lavado las manos y ha señalado que el asunto deberá ser resuelto por la Suprema Corte de Justicia. Además, ha señalado que en este caso no se va a meter y ha evitado pronunciarse.

 

También hemos visto cómo la secretaria de la Función Pública, el director de la CFE, el subsecretario de Derechos Humanos de la SEGOB, y la familia Alcalde Luján, entre otros, han acaparado importantes puestos en la administración pública, haciendo ver que en el lopezobradorismo todo queda en familia.

 

Además, el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, delató a Alfonso Romo y sus conflictos de interés.

 

Ahora nos enteramos, por boca de los propios morenistas, que en las bancadas de Morena en la Cámara de Diputados y del Senado también saben hacer chanchullos. En la primera, la diputada Inés Parra Juárez denunció que su colega presidente de la Comisión de Cultura, Sergio Mayer, ha pedido “moches” del 30% para “palomear” diversos proyectos. Ya no basta con el 10, ahora piden el 30%.

 

La diputada de Morena dio a conocer, en la comparecencia de la Secretaria de Cultura, que tiene testimonios de beneficiados, cuyos nombres no reveló, que pagaron casi una tercera parte del costo de la obra a Sergio Mayer, a cambio de avalar los proyectos.

 

También dijo que estos actos de corrupción se registraron en 2018, cuando la Cámara de Diputados abrió la convocatoria pública para recibir de autoridades y asociaciones propuestas de proyectos a financiar por el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. Ahí, aseguró, fue donde Mayer se agandalló y palomeó a los que sí procedían. Mayer, entonces, debe estar frotándose las manos pues ya viene el proceso correspondiente para aprobar proyectos dentro del PEF para 2020.

 

Por su parte, el senador Martí Batres, en plena rabieta por haber perdido en su afán de reelegirse como presidente de la Mesa Directiva del Senado, acusó a sus compañeros de bancada de recibir “cañonazos”, o sea sobornos, para votar a favor de la Morenista Mónica Fernández Balboa, quien relevará a Batres a partir del 1 de septiembre.

 

“Quiero agradecer a los 29 senadoras y senadores de #Morena que, resistiendo todo tipo de presiones, amenazas, chantajes y cañonazos, votaron por mí para seguir presidiendo el Senado de la República”, escribió en Twitter Batres, con la herida aún sangrante.

 

Esta frase encendió la polémica, y el senador Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena -y quien también fue acusado por Batres de ser un factor de división-, exigió que se presenten las pruebas correspondientes de que hubo “cañonazos”.

 

Si el discurso público de que en el lopezobradorismo se acabaría con la corrupción fuera cierto, Batres estaría obligado a demostrar que sus pares fueron sobornados para votar en contra de él. De otra forma, todo quedará en mera bravuconada y palabrería irresponsable.

 

Acostumbrados como están a que se hagan acusaciones sin probar, los lopezobradoristas y los morenistas en general se quedarán esperando las pruebas de estas acusaciones en ambas Cámaras. Nadie probará que Mayer recibió “moches” ni que los senadores morenistas recibieron “cañonazos”.

 

Pero en todo caso, las acusaciones manchan y dejan en entredicho que en el lopezobradorismo se vaya a combatir la corrupción. Una cosa es el discurso público, y otra muy distinta es la realidad.

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