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Se tenía que decir… El lastre llamado Claudia y apellidado Sheinbaum. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

18 Sep 2019
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Claudia Sheinbaum Pardo, al igual que en su momento lo hizo Eruviel Ávila en el Estado de México, lleva a cabo un “gobierno espejo” en la Ciudad de México. No gobierna, replica al Gobierno Federal en la capital del país, pero sin la fuerza ni el arrastre políticos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

La actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México es un lastre para el gobierno de López Obrador, y en su momento será sacrificada, políticamente hablando.

 

La encuesta más reciente para medir la aprobación popular del gobierno del presidente refleja que la Ciudad de México y Guanajuato son las entidades donde menor apoyo tiene el mandatario. La aprobación del gobierno lopezobradorista en la Ciudad de México apenas alcanzó el 50%, algo raro de entender si se toma en cuenta que la Ciudad de México ha ido de la mano con la izquierda desde 1997, aquel año en el que Cuauhtémoc Cárdenas le arrebató la capital al PRI en las primeras elecciones para un Jefe de Gobierno.

 

Otro 49% dijo no aprobar la gestión de López Obrador en la Ciudad de México, el mayor porcentaje de desaprobación en todo el país por entidades.

 

Por su parte, la aprobación popular a la labor de gobierno de Claudia Sheinbaum alcanza sólo el 46%, mientras que el 47% de los chilangos reprueban su gestión en estos 10 meses de gobierno. Además, 72% aseguró que el principal problema de la capital del país es la inseguridad, y un 9% afirmó que el mayor problema es la economía.

 

Claramente, la población de la Ciudad de México está inconforme con sus autoridades.

 

Sheinbaum es, sin duda, una de las cartas de López Obrador para sucederlo en 2024. Para quienes opinan, la actual Jefa de Gobierno cuenta con todo el respaldo del presidente para ello, por encima del canciller Marcelo Ebrard, y del coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, quienes también están en la carrera para relevar a López Obrador.

 

Sin embargo, poco a poco, pero muy pronto, Sheinbaum va perdiendo terreno en esa carrera. Se le empieza a acabar el gas y también empieza a desperdiciar la enorme ventaja que representa contar con todo el apoyo presidencial.

 

Es fácil predecir que López Obrador hará frecuentes intentos por rescatarla. Le volverá a levantar la mano cuando sienta que otros se están aprovechando de ella y le repetirá que no está sola.

 

Los opositores de Sheinbaum en la carrera presidencial, Ebrard y Monreal, cual tiburones ya olieron la sangre y ya percibieron la debilidad de su contrincante y sólo esperan el momento adecuado para atacar. En sus estrategias evalúan cuál sería ese momento y qué tanto más se debilitará la Jefa de Gobierno en los siguientes meses.

 

Monreal ya no tiene oposición al interior del Senado. Se deshizo de Batres, a quien chamaqueó groseramente, y ahora es el capitán de un barco con recursos económicos y con capital político que le deberán durar hasta 2024 sin problemas. Si es así, tendrá las credenciales para reclamar en Morena su derecho a ser quien abandere al partido en las elecciones presidenciales.

 

Por su parte, Ebrard tiene la difícil misión de lidiar con Trump y de cumplir su capricho de mantener a raya a los migrantes centroamericanos. Esa acción es clave en las aspiraciones reeleccionistas de Trump. López Obrador no quiere enfrentar al chivo en cristalería que representa el presidente estadunidense. Sabe que un error en esa relación podría descarrilar todo su proyecto.

 

López Obrador terminará sacrificando a Sheinbaum, porque su debilidad le hace daño, y sus números en la capital van a la baja, y seguirán bajando. El lastre para el presidente se llama Claudia, y se apellida Sheinbaum.

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