Los casi diez meses de lopezobradorismo se han distinguido por carecer de estrategias claras y eficientes para atender las responsabilidades de gobierno. También se han distinguido por privilegiar la carga ideológica sobre la eficiencia y el buen juicio.
Algo que también ha destacado en lo que va de este gobierno es el doble -o triple- rasero con el que miden la actuación de sus integrantes. Así, hay quienes consideran “implacable” a una funcionaria que presume serlo para investigar posibles actos de corrupción en pasadas administraciones, pero se apura a exonerar a un destacado miembro del gobierno al que se la han documentado bienes no asentados en su declaración patrimonial. De igual forma, se aplaude a un funcionario que en varias ocasiones ha demostrado su ineficiencia y su falta de experiencia en el tema que le corresponde: las comunicaciones y transportes.
Pero si algo ha quedado claro es que los miembros del lopezobradorismo no han entendido que las palabras, vertidas ahora en su papel funcionarios, tienen consecuencias. No es lo mismo expresarse sin responsabilidad como opositores, que ahora con la responsabilidad de ser gobierno.
El primer caso fue el de Paco Ignacio Taibo II. Al asegurar que el 3 de diciembre asumiría la titularidad del Fondo de Cultura Económica, para lo cual estaba impedido por ley, exclamó: “sea como sea se las metimos doblada, camarada”.
Al subdelegado médico del ISSSTE en Michoacán, ex dirigente del grupo de autodefensas de Tepalcatepec, lo grabaron en dos ocasiones profiriendo expresiones denigrantes hacia las mujeres. Como en el lopezobradorismo no existen los protocolos ni los criterios establecidos para atender situaciones como ésta, todo se dejó al criterio del presidente, quien como emperador romano -con el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo- decide el futuro de quien cometió la falta. Este este caso, como sanción a Mireles se le obligó a ofrecer disculpas públicas y a tomar un curso de inducción para aprender sobre el respeto a las mujeres.
A quien no le fue tan bien, y no corrió la suerte de contar con el perdón del emperador, fue al exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Pedro Salmerón. El hoy exfuncionario refirió el pasado 17 de septiembre, en una semblanza de Eugenio Garza Sada, el intento de secuestro y muerte del empresario por “un comando de valientes jóvenes de la Liga 23 de septiembre”. El calificativo de “valientes” ocasionó que senadores del PAN, e incluso Lilly Téllez, de Morena, exigieran su destitución, además de generar una fuerte polémica en redes sociales.
El Tec de Monterrey, fundado por Garza Sada, también se manifestó y reprobó los dichos de Salmerón.
Dos días después, Salmerón renunció. De manera ridícula, Salmerón publicó en Twitter una carta dirigida “a la opinión pública”, en la que intentó justificar sus dichos. Argumentó, acusó a la derecha y a los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón de encabezar un “linchamiento mediático” junto con el Consejo Coordinador Empresarial y directivos de medios de comunicación, y puso su renuncia “sobre la mesa”.
Después se echó para atrás, pero ya era tarde, y la Secretaría de Cultura anunció su relevo. En este caso, Salmerón manejó de manera pésima la crisis que él mismo provocó, y su salida quedó sellada. Al camarada Salmerón se la metieron doblada, diría el clásico.
