Tres recientes casos ilustran de manera clara que la lucha contra la corrupción que dice encabezar el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no es real. El presidente presume que la corrupción en las altas esferas del gobierno ya no ocurre, gracias a las acciones y a las directrices emanadas desde Palacio Nacional.
Sin embargo, lo que se observa no es un combate a la corrupción sino un uso perverso y faccioso de las instituciones para exhibir a quienes tendrían cuentas por pagar y pertenecen a grupos políticos diferentes al que hoy gobierna, y para proteger a quienes también tienen cuentas por pagar, pero sí forman parte del grupo político en el poder. Siendo así, ese tal combate a la corrupción no existe, es una vil mentira.
No se puede presumir que hay combate a la corrupción cuando la titular de la dependencia que debiera perseguirla prefiere proteger a quien a todas luces debería ser investigado por enriquecimiento inexplicable, y debería ser destituido de su actual cargo como director de la Comisión Federal de Electricidad por incompetente y para poder llevar a cabo la investigación de su patrimonio. Es claro que el señor Bartlett está fuera de la legalidad al ocultar en su declaración patrimonial distintos bienes inmuebles que aparecieron por una investigación periodística.
De manera cínica, Bartlett prefirió negar su relación sentimental de concubinato para afirmar que los inmuebles son de Julia Abdalá y que por ello no deben aparecer en su declaración patrimonial.
Por otra parte, el lopezobradorismo tampoco hará nada en contra de Yeidckol Polevnsky, a quien se le condonaron impuestos por 16 millones de pesos. Al igual que Bartlett, Polevnsky prefirió la ruta del cinismo y de la cobardía para justificar el hecho. Le echó la culpa a su contador, y para “limpiar” el hecho afirma haber informado a López Obrador de lo que ocurrió con sus impuestos, y santo remedio. Con sólo informarle al presidente, los 16 millones condonados se vuelven puros, y hasta el contador resulta expiado.
Cuánta gente quisiera tener un contador como el de Yeidckol, y cuánta gente quisiera tener una relación como la de Bartlett. ¡Presénteme a su contador, presidenta!, me urge, podrían decir millones de mexicanos.
Al que no le fue tan bien en eso de los perdones, es al ahora exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora. Las investigaciones que lleva a cabo la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, a cargo de Santiago Nieto, terminaron por provocar la salida de Medina Mora de la Corte. Al exministro se le investiga por su supuesta responsabilidad en una triangulación internacional de 102 millones de pesos durante la pasada administración.
En la Fiscalía General de la República señalan que desde hace meses se abrió una carpeta de investigación en contra de Medina Mora, a petición de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, después de conocerse el movimiento de recursos a través de una empresa familiar que fue contratista en las pasadas tres administraciones, en las que el exministro ocupó distintos altos cargos.
La celeridad de las investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera también podría verse en los casos de Bartlett y de Polevnsky, pues la principal duda en ambos casos es de dónde salieron los recursos para comprar tantos inmuebles en beneficio de Bartlett, y de dónde salieron los recursos necesarios para condonar ¡16 millones de pesos! a la hasta hoy presidenta de Morena.
Bartlett y Yeidckol deben explicaciones. No ofrecerlas le genera un daño al gobierno de López Obrador, pero sobre todo deja claro que la lucha contra la corrupción es sólo una vil mentira.
