Una de las prioridades del presidente Andrés Manuel López Obrador para el próximo año debe ser dar el salto de la etapa de aprendizaje para arribar a aquella en la que se toman decisiones sensatas, inteligentes, y de beneficio colectivo. La mayoría de los mexicanos que el año pasado votó para elegirlo presidente, y en general toda la población, merece que las decisiones del mandatario sean, más allá de ideologías y de sectarismos, las mejores para el país.
En realidad, a nadie conviene que el gobierno de la República se mantenga en posición de ataque a quienes considera sus rivales o detractores. A nadie conviene que el presidente siga actuando como jefe de partido o líder de la oposición. A nadie tampoco conviene que López Obrador siga culpando al pasado de los problemas del presente. Es cierto que muchos de los problemas del país son consecuencia de viejas prácticas de corrupción, pero también es cierto que al mandatario le corresponde asumir su responsabilidad en los tiempos actuales.
El presidente López Obrador tiene la gran oportunidad de pasar a la historia como un buen presidente. Él mismo ha dicho que a eso aspira, y para ello es de importancia vital que los mexicanos observen en él a un presidente que actúa, y no a uno que culpa al pasado. También deben ver en él a un mandatario que es capaz de enfrentar los grandes problemas del país, como el del pésimo rumbo de la economía y los altos índices de inseguridad. Ambos problemas parecen incrementarse, en vez de disminuir.
Si bien es cierto que López Obrador aún goza de niveles muy buenos de aceptación entre los mexicanos, también es real que esos números que hoy le son favorables se revertirán en algún tiempo de continuar con el mismo rumbo de gobierno. De hecho, algunas encuestas internas que los partidos de oposición ya tienen en su poder indican que los altos números en la aceptación presidencial se deben a que la gente aún mantiene la esperanza de que la situación en el país mejore, y no a que sientan que las cosas están bien en este momento. Ven que las cosas hoy están mal, pero se niegan a aceptar que pueden estar peor. No es un asunto de convencimiento, sino de mera esperanza.
Por otra parte, para la sociedad no está resultando suficiente que el presidente hable sobre combatir la corrupción sin acciones concretas en ese sentido. Hay muchas voces que señalan que la administración de ese combate a la corrupción tendría como cereza del pastel una posible detención de un expresidente de la República en fechas cercanas a la elección de 2021, si en el ánimo social se aprecia que Morena va a la baja y tiene riesgos de perder la gran mayoría que hoy detenta.
El presidente tendría que evaluar si una jugada de tal atrevimiento le resultaría benéfica, y si la burbuja de ánimo festivo le alcanzaría para aumentar sus bonos electorales.
En la medida que la sociedad perciba dinero en sus bolsillos y seguridad en las ciudades, los bonos del presidente aumentarán. De otra manera, los resultados jugarán en su contra y deberá echar manos de otros recursos. De buenas intenciones está lleno el cielo, y de malos presidentes está llena la percepción de los mexicanos.
