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Se tenía que decir…Chantajes a conveniencia. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

11 Oct 2019
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Al presidente Andrés Manuel López Obrador le encanta, le fascina, el enfrentamiento verbal. Su vida política ha sido de encuentros y desencuentros, sobre todo verbales, con distintos protagonistas de la política. Por ello, si algo ha exhibido López Obrador a lo largo de los años es que le gusta escoger a sus adversarios.

 

Los selecciona, se enfoca en ellos, pero también evita a quien no quiere confrontar. A esos les da la vuelta. Sabe que no tendría oportunidad ante ellos y se reserva. No nos pidan ejemplos porque tendríamos que recordar a Cuauhtémoc Cárdenas, a quien López Obrador siempre ha eludido. Por algo será.

 

De igual forma, ¿quién no recuerda el “debate” que sostuvo en televisión, en vivo, con Diego Fernández de Cevallos? En esa ocasión, López Obrador se dedicó a endilgar apodos a Fernández de Cevallos y a acusarlo sin pruebas de muchas cosas, al grado que el panista lamentó haber caído en la trampa, porque aquello no fue un debate sino una oportunidad para denostarle.

 

En estos tiempos, ya como presidente, López Obrador sigue escogiendo a quién enfrentar y a quién no. Fiel a su estilo, le endilgó a Felipe Calderón el apodo de “Comandante Borolas”, para festejo del lopezobradorismo, pero rehúye tocar a Enrique Peña Nieto.

 

De igual forma, el presidente cede, y le concede todas sus peticiones a un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural “Lázaro Cárdenas del Río” en Tenancingo, Estado de México, que secuestró durante 10 días a 92 choferes de autobuses de pasajeros a cambio de plazas laborales garantizadas, impunidad ante expedientes en su contra, cese de lo que denominaron “acoso y hostigamiento” y hasta pasto sintético para una cancha de futbol. Todo les fue concedido.

 

En cambio, modifica el tono y se engalla ante la advertencia de 25 universidades públicas del país y cinco sindicatos de ir al paro en demanda de recursos de rescate para nueve universidades que se encuentran en crisis financiera. A ellos les manda el mensaje de “no vamos a estar a expensas de chantaje” y les sorraja: “no es de que ‘nos agrupamos y va la huelga si no nos das’… esos son grupos de presión y así no es la cosa”.

 

A ellos los considera grupos de presión y les niega apoyo, y a los estudiantes de la Normal Rural “Lázaro Cárdenas del Río”, que transgredieron la ley al retener de manera ilegal a 92 choferes, les concede todo. Por tanto, los mensajes que manda el lopezobradorismo son que los chantajes se aceptan a conveniencia, que violar la ley tiene patente de impunidad si se trata de normalistas rurales -no vaya a ser otro Ayotzinapa, seguramente piensa el mandatario-, y que si se trata de pleitos sólo él escoge al adversario.

 

El ciudadano queda inerme ante la falta de actuación del gobierno en casos como el de Tenería, Estado de México, y la delincuencia, sí, la delincuencia, sale triunfadora y vigorizada.

 

Ojalá los delincuentes, que no leen esta columna, no se den cuenta de que les están garantizando la impunidad desde el gobierno. Ojalá los delincuentes sigan pensando que el gobierno les puede caer encima. Ojalá el miedo y la conveniencia no sigan paralizando al gobierno.

 

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