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Se tenía que decir… Desviar la discusión en el caso Culiacán, estrategia de gobierno. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

23 Oct 2019
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En el caso Culiacán aún hay muchas dudas en el ambiente, y cada vez que el presidente Andrés Manuel López Obrador se refiere al tema termina enredándolo más. Es claro que la estrategia de comunicación gubernamental es precisamente esa, la de generar confusión.

 

Cuando un gobierno actúa de esa forma, lo que busca es evitar la claridad. Y en este caso, lo que le conviene al gobierno lopezobradorista es precisamente la confusión porque de esa forma evita que se conozcan detalles que pasan desapercibidos.

 

López Obrador y su gobierno han sembrado la idea de que Ovidio Guzmán, hijo del “Chapo” Guzmán fue liberado para evitar que los sicarios del cártel de Sinaloa cometieran asesinatos entre la población civil de Culiacán. Con ello, los fieles morenistas y lopezobradoristas le han endilgado el mote de humanista al presidente, para contrarrestar el mote de débil que le han asestado quienes no comparten sus ideas.

 

Con ello, el presidente López Obrador consigue la primera parte de su estrategia de comunicación, que consiste en desviar la discusión y centrarla lejos del juicio al operativo mal concebido y peor ejecutado.

 

En el gabinete de seguridad se reflejan las divisiones internas, pues el secretario de la Defensa, Cresencio Sandoval, se ha deslindado de la responsabilidad del operativo, que recae al cien por ciento en Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana. Lo cierto es que Durazo aparece como cabeza visible del gabinete de seguridad, y hasta ahora, con lo que se sabe, se entiende que fue él quien encabezó las operaciones para intentar detener y extraditar a Ovidio Guzmán.

 

En la intención de defender a su gabinete, López Obrador también se ha jugado parte de su bono de popularidad al señalar que las vidas humanas están por encima de cualquier ley, con lo que ha generado una polémica entre juristas y defensores de derechos humanos que ahora discuten si la ley debe estar o no por encima de decisiones como la que afirman tomó el gabinete de seguridad y respaldó el presidente. Al mismo tiempo, marea a la opinión pública diciendo que no estuvo enterado del operativo en Culiacán, y pone a discutir a la gente sobre si debía o no estar enterado.

 

De igual forma, empiezan a aparecer las encuestas que miden si la popularidad y aceptación del presidente bajaron después del episodio en Culiacán, y el mandatario usará los números a su favor en los siguientes días para continuar distrayendo de lo importante.

 

¿Qué es lo que de verdad importa sobre lo ocurrido en Culiacán? El presidente ha metido al país en discusiones que evitan aclarar lo sucedido, y así se mantendrá hasta que el tema se olvide.

 

López Obrador parece tener intactas sus habilidades de comunicar y de distraer a la opinión pública. Para entenderlo, basta con no caer en todas las provocaciones verbales que él mismo utiliza para enredar a la población.

 

La comparecencia de Alfonso Durazo en el Senado el próximo 29 de octubre será de alto riesgo, pues para él -y para el gobierno- el principal objetivo es continuar con la misma retórica llena de mentiras y de auto halagos que ponen a salvo la discusión sobre por qué se realizó el operativo con tanta prisa y ligereza.

 

Sólo el tiempo terminará por sacar a la luz los motivos reales del por qué se llevó a cabo el operativo y del por qué el presidente se ha empeñado en mentir abiertamente sobre el caso Culiacán. El tiempo, sólo el tiempo.

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