El concepto de populismo en Argentina tiene otro nombre: se llama peronismo, y oficialmente está de regreso en ese país con el triunfo de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales del pasado fin de semana.
En las últimas décadas los argentinos han dado vueltas en círculo a la hora de definir su rumbo político, y por tanto económico, y el fin de semana decidieron regresar al mismo punto donde los dejó Cristina Fernández de Kirchner. La exprimera dama y expresidenta de Argentina hoy regresa al poder en una nueva faceta: la de vicepresidenta, y se prepara para disputarle a Alberto Fernández el verdadero poder, el mando y la toma de decisiones.
El nuevo rol de Cristina Fernández, y el triunfo mismo de Alberto Fernández, ponen a los argentinos nuevamente a frotarse las manos en espera de una nueva derrama de recursos a través del llamado gasto social, que distinguió a los gobiernos kirchneristas.
En Argentina, el llamado gasto social tiene un peso importante en el presupuesto anual. De esa forma, el gobierno argentino destina uno de los mayores porcentajes del Producto Interno Bruto al gasto público social entre los países de la región de América Latina. Del total de ese dinero, que representa 14.3% del PIB, el 80% va directamente a solventar gastos de protección social como jubilaciones, asignaciones familiares o seguro de desempleo. La mayoría del resto de los países de América Latina destinan a esos rubros un tercio de ese porcentaje.
Con ese contexto, Alberto Fernández y Cristina Fernández han empezado la batalla interna por el poder. La dupla Fernández obtuvo un triunfo inobjetable en una elección que resultó ser un concurso para elegir no al mejor, sino al menos malo. Las campañas previas a la elección avivaron una polarización social que hoy tiene al país dividido en dos grandes sectores.
Argentina vive hoy una tormenta perfecta, con enorme incertidumbre política y alta volatilidad económica. En ese escenario, los argentinos también se preguntan hoy quién va a gobernar en la realidad, Alberto o Cristina Fernández.
En su primer discurso público luego del triunfo electoral, la vicepresidenta electa le envió un mensaje al presidente electo, a quien pidió le transmitiera al aún mandatario, Mauricio Macri, que en lo que resta de su gobierno tome las decisiones necesarias para dejar un país en las mejores condiciones posibles. Es decir, tomó el papel de mandatario para solicitarle al actual gobierno que cargue con el repudio social en caso de que las decisiones últimas del gobierno de Macri no sean del todo populares o sean ingratas.
Por su parte, Alberto Fernández respondió el mensaje y en un evento con gobernadores de las distintas provincias del país afirmó que la Argentina será gobernada por el presidente y los 24 gobernadores. Se prevé ya un jaloneo en el que Alberto Fernández debe mostrar rápidamente que el presidente es él y quien gobierna es él, y no su vicepresidenta. Cristina Fernández ha mostrado una desmedida ambición de poder, que se puede prever la lleve a un enfrentamiento con el presidente en la lucha por el poder real.
Para nadie representa una incógnita lo que será el gobierno de Alberto Fernández. La duda simplemente es en dónde radicará el verdadero poder en Argentina.
En esta nueva etapa del populismo en Argentina, el gobierno de Alberto Fernández enfrenta un escenario nada favorable: casi 40% de la población del país se encuentra en pobreza, la economía registra una inflación de 60%, el dólar se encuentra por los cielos, hay recesión económica, el desempleo tiene ya cifras de dos dígitos. Estos indicadores explican, a su vez, el voto de castigo en contra del gobierno de Mauricio Macri.
Las expectativas económicas para Argentina en los siguientes años no son buenas, por lo que nuevamente se pueden esperar años difíciles para los argentinos. Vueltas en círculo, le llaman algunos a lo que ha ocurrido en Argentina en las últimas décadas.
