Síguenos en:

Se tenía que decir… Ni los veo ni los oigo. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

06 Nov 2019
271 veces

Ante la ausencia de una oposición fuerte y real que lo enfrente y le haga sombra, el presidente Andrés Manuel López Obrador continúa jugando con los ánimos nacionales y reinventa cada día su circo para mantener el aplauso y el respaldo de sus seguidores. De esa manera oculta cada pifia gubernamental o personal, que se registran casi a diario y que tienen al país al borde de un colapso económico y de seguridad.

 

Ningún tema, por importante que sea, es tratado por el gobierno federal y el presidente con la seriedad que requieren. Así, por el matiz cirquero de las conferencias de prensa mañaneras han pasado temas tan serios como el de la crisis migratoria, la escasez de medicamentos para atender el cáncer y otras enfermedades graves, la crisis del sistema de salud pública, el nulo crecimiento económico, el “culiacanazo” con todas sus vertientes, el invento locuaz de conspiraciones para desatar un golpe de Estado en el país, entre otros. Y ahora el más reciente: el crimen de nueve mujeres y niños integrantes de la familia LeBaron, que desnudó la miseria del gobierno federal que redujo la protección con la que desde hace varios contaban los LeBaron con pretextos como la austeridad.

 

Ante lo ocurrido, valdría la pena recordarle al presidente que ninguna vida vale lo que se pueda ahorrar por retirarles la protección.

 

La crisis de inseguridad que se vive en todo el país está tocando límites alarmantes, y la única respuesta del presidente y su gobierno pasmado es echarle la culpa al pasado. En tanto, como monos cilindreros salen sus seguidores en las redes sociales a querer defender un supuesto proyecto gubernamental que no tiene pies ni cabeza, y un gobierno que ha sido encabezado con las patas, ante la carencia de ideas.

 

“Estaríamos mejor con López Obrador”, era una frase de propaganda que se empleó hace unos años para desacreditar al gobierno. Hoy, con López Obrador al frente del gobierno, esa frase es irrepetible.

 

Diversas voces cercanas a él afirman que el presidente gobierna de oídas. No lee la prensa, y si la lee no le cree; no atiende a los datos oficiales que marcan el rumbo del país, y si los conoce le valen gorro; no escucha el llamado de una sociedad que pide a gritos un viraje institucional, y si lo escucha prefiere no hacer caso. Para todo ello aplica la misma frase que tanto odiaron sus correligionarios: “ni los veo, ni los oigo”.

 

El presidente puede darse esos lujos por la inexistencia de contrapesos o de oposición. Ni los más lógicos, como los partidos políticos, ni los más naturales, como sus antecesores, le hacen sombra. En el PAN navegan solos, se oponen a cuanta iniciativa legislativa llega al Congreso con tufo lopezobradorista, pero no les alcanza. El PRI es hoy inexistente, con un líder ausente y frágil que confirma lo que se decía de él: es afín al presidente y tiene como función entregar al partido a los designios del gobierno federal. A diferencia del panismo, el priísmo aprueba todo lo que propone López Obrador en las Cámaras. Con ello reavivan la teoría de la existencia de un acuerdo Peña-López Obrador para garantizar impunidades.

 

Ni los veo ni los oigo, les repite López Obrador a sus adversarios, con quienes juega y se divierte como el león que atrapa una liebre y la manosea antes de comérsela.

 

En tanto, el presidente se apresta a engullirse casi de un jalón a un órgano constitucional autónomo, la CNDH, y a la Máxima Casa de Estudios del país, la UNAM. En ambos casos, todo parece indicar que sus nuevas cabezas serán lopezobradoristas.

 

A López Obrador le quedan ¿cinco? años de gobierno. Nadie podría hoy apostar que los cinco siguientes serán mejor que el año de gobierno que acaba de terminar. Por el contrario, hoy están en riesgo muchos valores democráticos que se construyeron con el paso de los años en el país. 

Valora este artículo
(1 Voto)