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Conferencia tras banderas. Las mañaneras resultan ser muy puñeteras. Por: Pepe Rocello. Destacado

12 Nov 2019
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El Presidente de México se aventó la puntada de decir que las mañaneras son el noticiero del pueblo, curiosamente el pueblo bueno y esforzado, bien lo sabe Andrés Manuel, no tiene televisores y mucho menos tiempo para poder chutarse dos o tres horas, con sus interminables pausas, para poder escuchar al dichoso noticiero, ya que al igual que el presidente, se levantan a las 4 o cinco de la mañana, mal desayunan, se enfrentan a la necesidad de correr para poder dejar a los hijos e hijas a tiempo a la escuela o a la guardería.

Después subirse, si se puede a la primera, al Metro, Metrobús, Mexibús, en la Ciudad de México y su zona metropolitana, TrasMetro en Monterrey o Ruta Puebla o Metrobús Guadalajara, por decir algunos, en otras ciudades a los peseros, peseras, microbuses o chimecos, por supuesto con su sauna incluido, masaje y aromáticos expedidos por apretujadas usuarias y usuarios.

Después, invocar al creador para que haga el milagro de que no exista un plantón o manifestación con algún reclamo justo o injusto en contra de las autoridades locales, estatales o federales, porque el tránsito implica que en el traslado normal, en cualquiera de las ciudades comentadas, el promedio es de entre una hora y dos horas de manera ordinaria, si existe algo que sea inusual, puede duplicarse el tiempo y afectar todo el programa diario de los mexicanos y mexicanas, como un accidente de tránsito, descompostura, socavón o balaceras, que, -según el presidente- durante este tiempo deben de estar viendo las puñeteras o mañaneras.

Sin considerar que las mañaneras se trasmiten en el patio de enfrente de la casas del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, del cual, el traslado de sus aposentos palaciegos, porque hay que recordar que el presidente vive y despacha desde Palacio Nacional, no es más de 10 minutos y no necesita ni vehículo, ni chofer, y todo con cargo a la partida, anteriormente secreta, de la presidencia, los tiempos oficiales, televisoras oficialistas, como ONCE y 22 y principalmente para los usuarios de Facebook, twitter y YouTube, lo malo es que necesitan conexión a internet  y un dispositivo electrónico para la recepción del mensaje, y por lo regular son del pueblo fifí, conservadores de derecha o campesinos de nailon, que no son los del pueblo bueno y esforzado que difícilmente tienen acceso a internet y mucho menos a dispositivos inteligentes.

Y todo ello, el pueblo bueno lo tiene que hacer por dos o tres salarios mínimos, y que se encuentran sujetos a que lleguen temprano y que se encierren por lo menos ocho horas diarias durante cinco días o en algunos casos, seis días a la semana y que las condiciones económicas le brinden permanecía a la empresa en que laboran para que su empleo se mantenga estable y pueda tener la oportunidad de poder repetir esto día con día hasta poder alcanzar su jubilación y que hoy se ve constantemente amenazada de ser postergada más allá de los 67 años.

O andar de toreros o ambulantes, vagoneros, viene viene, limpia parabrisas, o de anaqueles ambulantes en cualquier esquina, de policías, guardias nacionales o elementos de nuestras fuerzas armadas, o sicarios, narco mayoristas o narco menuditas, ratas y demás fauna nociva, creada por el neoliberalismo y no por el clientelismo oficialista y la incapacidad institucional.    

Al presidente le pagamos los mexicanos más de cien mil pesos mensuales ($ 111,990. Según PPEF 2020), más todos los gastos que corren para el desempeño de su cargo, boletos de avión y viáticos, porque seguramente no los paga de su sueldo, aproximadamente 1080 salarios mínimos general, es decir, que existe una muy significativa diferencia en materia de recompensa por el esfuerzo, y por ello, creemos que las puñeteras mañaneras no lo hacen bien a nadie, menos a los integrantes del gabinete que invita como floreros chinos y que de repente los deja hablar y reiteradamente los regaña cuando no atinan con lo que está pensando el presidente en esa mañana y tampoco le sirven al presidente, porque entre pausa y pausa no se le entiende lo que quiere decir y mucho menos comunicar, y recientemente con los periodistas infiltrados perros sin bozal, lo hacen enojar demasiado, hecho que no le conviene a su salud ni a los mexicanos. 
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