Por si había dudas, muy rápido, rapidito, la recién nombrada presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, exhibió cuál será la nueva premisa de trabajo del órgano que preside: a partir de ahora se encargará de defender al gobierno de los ataques que pudiera tener de sus adversarios.
Para eso fue postulada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, y para eso fue empujada por la bancada de Morena en el Senado.
En esta nueva época de la CNDH, que quizá ahora cambie su nombre por el de Comisión Nacional de Defensa de los Derechos del Gobierno ante los Ataques de sus Adversarios, Rosario Piedra dedicará sus esfuerzos a hacer recomendaciones a los órganos autónomos (los que aún quedan), a las organizaciones de la sociedad civil, a los periodistas y a los partidos políticos de oposición, para evitar que opinen y se expresen en contra del lopezobradorismo.
El presidente López Obrador ha hecho señalamientos graves en contra de los anteriores presidentes de la CNDH. Desconoce la labor de este órgano, que nunca permaneció callado ante los abusos del poder en sexenios anteriores. La misma izquierda del país festejó cada una de las recomendaciones emitidas por la CNDH, que exhibieron violaciones a los derechos humanos en distintas ocasiones. Para desmentir al presidente -algo que cada vez es más sencillo hacer-, basta con preguntarle al IMSS, a la Fiscalía General de la República (antes PGR), al Instituto Nacional de Migración, al ISSSTE, a la SEDENA, la Marina Armada de México, a la Secretaría de Salud, la Semarnat, y a gobiernos como los de Veracruz, Tabasco, Chiapas, Sinaloa y Oaxaca cuántas recomendaciones recibieron el sexenio pasado por parte de la CNDH.
Basta, además, recordar los demoledores informes, que también derivaron en recomendaciones, de los casos Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato y Nochixtlán, entre otros.
La CNDH nunca fue florero, pero ahora será escolta del gobierno. Su labor será proteger al presidente, como antes lo hacía el Estado Mayor Presidencial. Ahora los patos les tirarán a las escopetas, y la sociedad ya no tendrá un órgano de Estado que la defienda ante abusos de poder del propio Estado. Claro, en la retórica lopezobradorista en este sexenio no se registrará un solo abuso ni ataque a periodistas o defensores de derechos humanos, y si acaso llegasen a ocurrir la CNDH se encargará de señalar que fueron culpa de los gobiernos anteriores.
Es de tristeza ver cómo de un plumazo de ganso se tira el trabajo de decenas de años que costó construir una CNDH fuerte, autónoma, y que cumplía su papel de contrapeso de la autoridad y de defensor del pueblo.
Rosario Piedra, impedida constitucionalmente para asumir la presidencia de la CNDH por haber pertenecido a una dirigencia estatal de Morena, se saltó distintas trancas para llegar al cargo. En sus primeras declaraciones a la prensa marcó su línea. La CNDH será afín al lopezobradorismo, consentidora del Ejecutivo, aduladora del actual régimen y aplaudidora de López Obrador. Su nueva titular lo ha sido, y lo seguirá siendo. Al fin y al cabo, como ella misma escribió en Twitter: “no sabremos cuándo habrá otro AMLO”.
Rosario Piedra está dando el paso de un activismo de décadas, que inició cuando su hermano, Jesús Piedra Ibarra, fue desaparecido, a una posición de Estado como es la CNDH y sus reflejos iniciales son para defender al presidente. Llegó a la posición en un proceso legislativo desaseado al máximo e impugnado por la oposición. Por decoro y calidad moral, debió haber rechazado tomar posesión del cargo en esas circunstancias. No lo hizo y hoy su posición es débil, sin legitimidad. Esa será la CNDH de la 4T.
