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Se tenía que decir… Los pleitos de AMLO. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

20 Nov 2019
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Desde siempre, Andrés Manuel López Obrador ha sido un político que gusta del enfrentamiento, del choque. El debate, le llaman algunos. Para ello, el hoy presidente escoge sus rivales, los estudia, los analiza.

 

También estudia los escenarios y los temas. Los analiza y decide si le son favorables o no. Le entra a pleitos que sabe puede ganar, y elude aquellos en los que sabe que no tiene oportunidades o que en el análisis de costo-beneficio no le representan ganancia. Algunos otros pleitos los toma por necesidad, porque no le queda de otra.

 

Ejemplos de lo anterior son: la vieja disputa que tiene con el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el panista Diego Fernández de Cevallos; la elusión al tema del aborto y los matrimonios entre parejas del mismo sexo; y su asistencia a los debates en la campaña presidencial, a los que acudió en contra de su voluntad.

 

Ahora, ya presidente, López Obrador ha tomado como sus rivales al conservadurismo, a la derecha, y especialmente al expresidente Felipe Calderón. En menor medida, sus ataques se dirigen hacia el también expresidente Vicente Fox, aunque evita hacerle el caldo gordo a un personaje ávido de reflectores y que aparenta un enfrentamiento frontal con el mandatario. En contrario, López Obrador no toca, ni con el pétalo de una rosa, al expresidente Enrique Peña Nieto.

 

López Obrador sabe que aún es temprano para hablar de las elecciones de 2021, pero también sabe que es necesario empezar a trabajar en ellas si se quiere conservar la muy cómoda mayoría de la que hoy goza el partido en el poder. También sabe que en el escenario de corto plazo sólo hay un partido político que tiene posibilidades de ponerle el pecho al morenismo: el PAN, pues el otrora gran y dominante partido, el PRI, está prácticamente deshecho. Por eso enfoca sus baterías contra la derecha y deja en paz a un priísmo que está en terapia intensiva y que en 2021 puede tener su desenlace fatídico. Es claro que en la elección intermedia el objetivo del PRI no será ganar, porque no tiene posibilidades de ganar nada, sino conservar su registro nacional y en varios estados.

 

En el PRI, además, no hacen nada para salvar al moribundo. Parecen haber recibido el reporte de que no hay nada qué hacer por el paciente y lo tienen conectado a un respirador artificial. En el PRI ni siquiera valoran la opción de donar sus órganos al fallecer. Saben que nadie los aceptaría.

 

La dirigencia priísta hoy nada de muertito, y eso tiene satisfecho a López Obrador. No le dedica ni una mirada, ni un pensamiento.

 

Al PAN, en cambio, lo tiene en la mira. Le apunta a objetivos específicos y espera el momento para apretar el gatillo. Como en otras ocasiones, la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP será el detonador amenazante que pondrá en jaque a algún personaje clave. ¿Si no son para eso, para qué más pueden ser las instituciones?, parece declamar. Con la UIF como ariete, el lopezobradorismo justificará su combate a la corrupción.

 

El riesgo que corre el presidente es caer en el error de todos sus antecesores y dejarse cegar por la soberbia. La soberbia que los lleva a pensar que sólo ellos actúan bien y todos los demás no, que la razón sólo está de su lado, que las observaciones que hacen los medios y las organizaciones de la sociedad civil sólo buscan descarrilar al gobierno, que el país se inventó en el sexenio actual, que nadie los comprende, que sólo ellos pueden salvar a México. Esa soberbia, esa maldita soberbia.

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