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Se tenía que decir… Como cuando presumes ser amigo del grandulón. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

27 Nov 2019
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En repetidas ocasiones el presidente Andrés Manuel López Obrador ha manifestado que él en lo personal, y su gobierno, mantienen buenas relaciones con el presidente Donald Trump y el gobierno estadunidense. Nada más falso.

 

Poco sabe el mandatario mexicano sobre cómo lidiar con los Estados Unidos, y en particular con un presidente esquizofrénico como Trump, y ello tiene consecuencias que pueden variar en su tono de gravedad.

 

Pero además, alguien debería explicarle al canciller Marcelo Ebrard que Estados Unidos no es un país amigo de México, y que precisamente por ello las acusaciones y declaraciones que se hacen sobre el país vecino deben ser más meditadas. En Estados Unidos no cayeron nada bien las declaraciones de Ebrard sobre el atentado ocurrido en El Paso, Texas, en agosto pasado, en el que ocho mexicanos fallecieron luego de que una persona abriera fuego en un área atestada de gente. Ebrard declaró que para México el hecho se consideraba como un acto terrorista.

 

La connotación de atentado terrorista es grave en Estados Unidos, sobre todo después del 11 de septiembre de 2001. Calificar el atentado de agosto pasado en El Paso como un acto terrorista tocó fibras sensibles en varios funcionarios de la administración Trump. Fue un error.

 

Poco después, en octubre, el presidente Trump declaró abiertamente que está usando a México para proteger su frontera sur, con lo que exhibió el trabajo sucio que los agentes migratorios y miembros de la Guardia Nacional de México realizan para evitar que migrantes centroamericanos lleguen a Estados Unidos. Trump no consiguió que México pagara el muro que él prometió en la frontera entre ambos países, pero sí logró que el gobierno de López Obrador pusiera un muro de militares en la frontera que nos separa de Centroamérica.

 

A todo ello hay que sumarle que el gobierno de México dejó en libertad a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien había sido detenido en Culiacán con fines de extradición a Estados Unidos. En México, Ovidio Guzmán no cuenta con orden de aprehensión, por lo que su captura fue a petición de Estados Unidos. El fallido operativo tampoco gustó a la Casa Blanca, que consideró ineficientes a las Fuerzas Armadas mexicanas.

 

Ahora, Trump anunció que designará a los cárteles mexicanos como terroristas por su papel en el tráfico de drogas y de personas. “He estado trabajando en eso durante los últimos 90 días”, declaró a la prensa de su país.

 

El asunto quedó sobre la mesa después de que la familia LeBarón, con nacionalidad estadunidense y mexicana, que fue víctima de una matanza en los límites entre Chihuahua y Sonora, pidió a la Casa Blanca el fin de semana pasado que Estados Unidos considerara como organizaciones terroristas a los cárteles del narcotráfico de México. Los LeBarón también argumentan que si el gobierno mexicano calificó el hecho de agosto pasado en El Paso como acto terrorista, la masacre contra miembros de su familia también debe considerarse de igual manera.

 

Los alcances de la medida anunciada por Donald Trump aún no quedan claros, pero la declaración en sí evidencia que la relación entre Estados Unidos y México no es tan buena como ha presumido López Obrador. También evidencia que, para Trump, México y su gobierno son usados de acuerdo con los requerimientos y necesidades de la Casa Blanca.

 

Que Estados Unidos califique como terroristas a los cárteles mexicanos tendrá repercusiones económicas, en materia de inversión y congelamiento de activos. Difícilmente se tratará de una intervención directa, pero decir que un territorio tiene organizaciones terroristas es decir que ese Estado es incapaz y que tiene un Estado de Derecho débil.

 

La agenda de Trump en relación con México está basada en sus intenciones de reelegirse. El gobierno de México no lo ha entendido así, y presume una amistad que no existe, y que está lejos de ser real. Como cuando presumes ser amigo del grandulón, y él ni te pela.

 

Pero para el gobierno de López Obrador, el anuncio de Trump no es del todo malo. Como se puede prever, el gobierno de México lanzará una campaña de unidad en torno a la amenaza y ello le permitirá al presidente revalorar su popularidad y aceptación, que llevan semanas en caída libre.

 

La burbuja de nacionalismo que ello provocará será efímera, y las consecuencias permanecerán durante mucho tiempo más. El gobierno de López Obrador tampoco entiende que no entiende.

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