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ORBI 21. Son las elecciones, stupid. Por: Cristina Cardeño Gama. Destacado

28 Nov 2019
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Es claro que Donald Trump está dispuesto a todo para obtener la reelección en noviembre de 2020. En su búsqueda de votos, el presidente estadunidense azuza a su base electoral con acciones que le acarrean la simpatía de la derecha más radical. Cada vez que hace referencia a la construcción de un muro en la frontera sur, por ejemplo, esa base electoral le aplaude como los fans a una estrella de rock.

         Ahora, tras el anuncio de que su gobierno calificará a los cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas, Trump debe estar previendo un aumento en su popularidad, que hasta la semana pasada se ubicaba en 41.8%.

         Su relación con México siempre ha tenido un matiz electoral. Sin embargo, su relación con México también ha sido de fuertes imposiciones. Con el actual gobierno mexicano, la Casa Blanca de Trump ha jugado en diversos momentos imponiéndole acciones que el presidente de México jamás hubiera deseado llevar a cabo. Trump amenazó a México con la imposición de aranceles a diversos productos mexicanos si no se disminuía el flujo de centroamericanos que llegaban a la frontera sur de Estados Unidos. El gobierno mexicano acató, y envió a miembros de la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala para impedir el arribo y tránsito de caravanas de indocumentados que habían tenido paso libre por todo el país hasta llegar a Estados Unidos.

         La relación entre México y Estados Unidos siempre ha estado marcada por la desconfianza mutua. Los teóricos mexicanos de las relaciones exteriores definieron esa vecindad y llegaron a la conclusión de que entre ambos países no hay amistad, sino intereses. En las últimas décadas, el flujo del comercio fue benéfico para México, que se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos. Para nuestro país, las remesas representaron hasta el año pasado la segunda fuente de ingreso de divisas, sólo detrás de las generadas por la industria automotriz. Para este año, el envío de remesas a México alcanzará el récord de 35 mil 460 millones de dólares, un aumento de 5.3% respecto a 2018, de acuerdo con análisis desarrollados por el Consejo Nacional de Población y el banco BBVA. El mismo estudio prevé que en 2020 las remesas a México alcancen los 37 mil 200 millones de dólares.

         Trump podría equipararse con un luchador de barrio que se sabe todas las mañas de la pelea y también sabe cuándo aplicarlas. Por ello, estrangula y apapacha al mismo tiempo al gobierno mexicano, al que le ha reconocido en decenas de ocasiones la “fabulosa” labor que lleva a cabo para mantener a raya a los indocumentados centroamericanos. En sus discursos, es frecuente escucharlo agradecer a México por el envío de más de 27 mil integrantes del Ejército a la frontera común para evitar que los indocumentados atraviesen a Estados Unidos.

         Esa manera de actuar hace cada vez más predecible a Trump. Se sabe que con él nadie puede confiarse. Se sabe que mientras él ocupe la Casa Blanca la relación con México estará basada en ataques verbales y amenazas, algunas de ellas muy difíciles de cumplir, para ganarse el aplauso de su base de apoyo. La frontera sur está llena de estadunidenses dispuestos a disparar a los indocumentados para impedirles el paso, y ellos son quienes aplauden los encendidos discursos de Trump.

         Ahora, Trump nuevamente pone a bailar al gobierno de México con el anuncio de que clasificará a cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. El peor temor del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es que ello termine en una incursión armada estadunidense a territorio mexicano, con el pretexto de combatir a organizaciones terroristas.

         La diplomacia mexicana debe recurrir ahora, urgentemente, a retomar las acciones de cabildeo que abandonaron con la llegada del nuevo gobierno. El gobierno mexicano debe tener mayor presencia en Estados Unidos, y encontrar un canal efectivo de acercamiento y de influencia en la Casa Blanca. Antes, ese papel lo jugó Jared Kushner, yerno del propio presidente Trump, quien tiene acceso directo y le habla al oído a Trump. Ese vínculo se perdió. Ahora, al gobierno mexicano le urge encontrar quien cumpla ese rol. La otra opción es rezar para que Trump no gane la elección de noviembre de 2020 y buscar empezar una nueva etapa con un nuevo presidente estadunidense.

         Pero por sobre todo, al gobierno mexicano le urge entender a Trump, conocer su lado predecible y actuar en consecuencia. Trump está en lo suyo, y la diplomacia mexicana tiene la experiencia, capacidad y habilidades para hacerle frente a los embates del presidente de Estados Unidos. Dejar de tomar decisiones verticales y actuar conforme al manual no le caería mal a la diplomacia mexicana.
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