El presidente Andrés Manuel López Obrador nos mintió. Hizo una campaña de doce años en la que a muchos les hizo creer que sabría cómo gobernar un país con muchos problemas. Al término de un año de gobierno, tiempo suficiente para darse cuenta si el mandatario tiene los tamaños, la experiencia, capacidad y habilidades para conducir a México, López Obrador reprueba en cada rubro.
En la campaña presidencial nos mintió, y muchos terminaron creyéndole. México es hoy un país en el que la sociedad es más demandante, más crítica, más dispuesta a exigir sus derechos y a salir a la calle para pelear por ellos. Es por ello que también requiere un gobierno que dé respuesta a las demandas y las críticas de la sociedad y que no se quede anclado en el pasado, echándole la culpa a todos aquellos que también fallaron en su labor de gobernar.
López Obrador se suma a los gobernantes que nos decepcionaron. Nos decepcionó Vicente Fox en la primera alternancia, en la que la esperanza era de un cambio de régimen que nos llevara a la prosperidad. También nos falló Enrique Peña Nieto en la segunda alternancia, en la que muchos votaron por el PRI para castigar al PAN, y pensando que el tricolor habría aprendido la lección de estar fuera del gobierno. Ahora nos falla López Obrador en la tercera alternancia, en la que la esperanza era mayor y en la que se esperaba un cambio para mejor.
No ha sabido estar a la altura del gobierno que requerimos. Se dejó llevar por sus rencores, que son muchos; por sus afanes de revancha, por sus ataduras a un pasado que no fue mejor, pero es el único que entendió; por su ignorancia, pues.
Pero entendamos: el triunfo de López Obrador el año pasado se debió fundamentalmente a la desesperación de millones de mexicanos por cambiar al país. Nadie hoy avala que haya corrupción en el gobierno y en el país, nadie hoy avala que las autoridades actúen como les plazca y no haya manera de recriminarles o de encararles. Tampoco hoy nadie avala que las mujeres sigan siendo violentadas y finjamos que las protegemos, y nadie hoy avala que no haya seguridad en las calles y que tampoco haya opciones de empleo para la gente.
Por eso mismo hoy tampoco nadie avala que el gobierno no atienda los principales reclamos, o que se equivoque en una supuesta estrategia para enfrentarlos. ¿Es serio un gobierno que nos habla de “abrazos, no balazos” para enfrentar al crimen organizado? ¿Se puede hablar de un gobierno capaz cuando la economía del país dejó de crecer y hoy se encuentra en plena recesión? ¿Qué esperanza de mejor hay, cuando el gobierno ha generado una gran desconfianza para los inversionistas nacionales y extranjeros?
La economía mexicana hoy regresa a los tiempos de la década de los setentas u ochentas: se intenta por sobre todas las cosas revivir al petróleo como principal fuente de ingresos, se aplaude y se motiva a las remesas, se busca regresar al Estado paternalista que le entrega todo en las manos a sus hijos desprotegidos, y se desprecia sobremanera la economía y sus mediciones. ¿A quién le importa que el país no crezca, si tenemos becas y apoyos económicos directos? ¿Quién se puede quejar de que no haya consumo, si eso es un término fifí o para ricos? ¿Quién se atreve a contradecir a un presidente que no se equivoca?
Los empresarios han prometido en varias ocasiones inversiones que no se ven. Las principales obras de infraestructura están detenidas, carecen de apoyo o aval técnico, o simplemente se realizan al ahí se va. ¡Viva México!
El gobierno también se ha convertido en una agencia de colocaciones de gente incapaz, pero leal. El mensaje es claro: hay un desprecio por la actividad de gobierno. Los órganos autónomos y las agencias especializadas no necesitan gente experta, sino leal. ¿Se puede esperar que un gobierno camine bien si lo que se prioriza es la lealtad? ¿Se pueden esperar buenos resultados cuando al presidente de la República sólo le interesa la lealtad y no la experiencia?
Su intención de acabar con la corrupción está siendo mal enfocada. Confunde la corrupción con el simple hecho de robar. Colocar a gente sin experiencia en puestos clave también es corrupción. Quizás no roben, pero no desempeñarán eficientemente sus encargos.
El presidente presume que conoce el país porque lo ha recorrido. Cualquier turista interesado también ha recorrido buena parte del país, y no por ello podría asumirse como capaz de gobernarlo. López Obrador recorrió México, pero no lo conoce. Su visión revanchista y miope lo lleva a poner en práctica las acciones del pasado. México retrocedió varias décadas.
El balance del gobierno, a un año de haber iniciado, no puede ser bueno. La esperanza de México se diluyó, y el gobierno nuevamente nos falló. López Obrador no será uno de los mejores presidentes, como ofreció; no habrá cuarta transformación y no acabará con la corrupción. Hoy, a un año de iniciado el gobierno, el país no se ve mejor que hace doce meses, y tampoco parece que vaya a mejorar.
