Síguenos en:

Conferencia tras banderas. El apartheid de género en México. Por: Pepe Rocello. Destacado

10 Dic 2019
333 veces

El avance constante de la participación de la mujer en la vida económica, política y social ha acelerado el proceso de superación de cartabones, prejuicios, tradiciones, costumbres y su progresivo empoderamiento han hecho rechinar todas las partes de nuestra estructura social e institucional y en algunos casos a establecer, por presión social de grupos feministas, acciones afirmativas en todo lo que tiene que ver con la violencia de género en contra de las mujeres.

Situación que genera excesos en la perspectiva de género que nos ha orillado a una situación de segregación por género que viene alimentando el encono en la cotidianidad de nuestra vida.

Superar situaciones de desventaja relativa de las mujeres y hombres dentro de nuestra sociedad, pienso que no está directamente vinculada con el papel histórico de la mujer como dadora y portadora biológica de vida y la parte más importante de nuestra reproducción como especie, también inciden aspectos culturales, tradicionales y naturales que generan este entramado de realidad que determina la velocidad con la que vamos a alcanzar la paridad de género y que se encuentra establecida desde siempre en la parte dogmática de nuestra Constitución.

A diferencia de lo que muchos dicen y afirman nuestro país es profundamente matriarcal, principalmente en las actividades relacionadas con la integración familiar y con el rol histórico y de tradición familiar que tenemos los mexicanos, la que une a la familia siempre es la mujer de mayor edad dentro de la familia y principalmente la mamá de las mamás, siempre la unidad de la familia está dada por la matriarca, abuela o bisabuela y en nuestra realidad cada vez con mayor frecuencia las bisabuelas y tatarabuelas, por lo regular maternas.

El esquema que subsiste como patriarcal tiene más que ver con la toma de decisiones que afectan indirectamente a la familia, y todo lo que tiene que ver con la familia pasa por la matriarca, que algunas líderes feministas no les guste, no quiere decir que no suceda.

En el acelerado proceso de desintegración de la familia nuclear, es decir padre, madre e hijos, la que mantiene la integridad de ésta es la madre, hasta en las familias que sufren separación y permanecen con la madre tienen mucho mayor probabilidad de éxito de cada uno de sus integrantes, cuando la que rompe el núcleo familiar es la mujer, sus integrantes por lo regular termina muy, muy, pero muy mal, esto siendo solo indicativo, nunca una consideración restrictiva en contra de la decisión de la mujer, que puede ser consiente y de derecho o provocada por muchos factores incluyendo la violencia intrafamiliar.   

En el 2017 de acuerdo lo que reporta el INEGI, el 28.5% de los hogares tienen jefatura femenina y muestra una tendencia ascendente, destacando que pronto puede ser una nueva realidad de paridad dentro de lo que es el entorno de los hogares de nuestro México, con ausencia o presencia del hombre, en la Ciudad de México alcanza el 37% los hogares con jefatura femenina.

Actualmente en nuestro país la población es mayormente femenina, más de la mitad de nuestra población es de mujeres el 50.2%. En 28 entidades federativas dicha relación se presenta en ese mismo sentido, mayor número de mujeres que de hombres, acentuándose en la Ciudad de México (109.7), Oaxaca (109.5), Puebla (108.6) y Guanajuato (108.5).

Los estados donde la proporción de hombres es mayor que la de mujeres son Baja California Sur, con 97.6 mujeres por cada 100 hombres, Quintana Roo (98.1) y Baja California (99.7); es importante mencionar el caso de Sonora, donde se registran una relación paritaria temporal, 100 mujeres por cada 100 hombres. (INEGI 2018)

Para 2018, la esperanza de vida de las mujeres fue de 79,71 años, mayor que la de los hombres que fue de 74,92 años, solo esperar y los resultados son más que ventajosos para las mujeres.

Sin embargo, dentro de este proceso se han destacado dos vías que no tienen que ser contrapuestas, una vía es ir ampliando y reconociendo los derechos inherentes que tienen las mujeres que aún optan por continuar con el rol histórico dentro de la parte esencial de la familia y en donde las acciones afirmativas están orientadas a reconocer el valor económico de su trabajo y responsabilidad dentro de esto y los beneficios sociales que ello genera, es decir, reconocer su aporte de tiempo y esfuerzo que implica tener una familia tradicional, compartiendo los frutos del esfuerzo económico del hombre como proveedor y la contraprestación y autonomía e integración social de la mujer, el famoso salario rosa, aportado por el hombre y en pleno derecho e independencia de la mujer para ejercerlo y disfrutarlo y que tiene que contra prestar el esfuerzo.

Y el otro es reconocer que la mujer asume su forma independiente de integración social o en el rol de proveedora y en su doble papel de proveedora y jefa de familia en donde la contraprestación es ahora del hombre o de la pareja, sea masculina o femenina en la responsabilidad compartida del cuidado del hogar, caso muy sonado de Paulina Rubio, en donde Colate, su ex, le bajo una muy buena lana por el simple hecho de ser su expareja.

Algunas autoras y científicas han llegado a considerar el valor del capital sexual o erótico de la mujer y del hombre, que, en un mundo aun dominado por hombres, es una herramienta muy poderosa para las mujeres.

Las acciones afirmativas nos están llevado a una segregación de género que violenta nuestra convivencia, por ejemplo, las zonas de exclusión por género en el transporte público concesionado, principalmente en la Ciudad de México, “innovadora de derechos” “ups”, han generado mucha violencia de género, acción que busca prevenirla o evitarla,

Hoy los policías auxiliares y choferes son los ejecutores del apartheid de género en el trasporte público, provocan tensión entre los pasajeros al hostigar a los hombres que usan, por error o por saturación el espació confinado para mujeres, situación que nunca se da en las áreas mixtas, en donde se convive sin esta presión y con respeto.

Sin descuidar que suelen suceder eventos que pueden ser considerados violencia de género en el nuevo catálogo de delitos que se imputan a esta acción y que pueden ser resultado de un malandro, misógino o abusador sexual, que tiene que ser repudiado y castigado y no producto del sobrecupo de los autobuses y que es incidental o accidental.

A las mujeres que delinquen, tienen que ser castigadas, por ser malandras, no por ser mujeres. No al apartheid de género y sí al respeto entre géneros en convivencia armónica. 

Valora este artículo
(1 Voto)