El nuevo año llega con noticias del ámbito exterior que necesariamente impactarán a México. Por un lado, la expulsión de la embajadora mexicana en Bolivia, María Teresa Mercado, luego de días consecutivos de roces diplomáticos entre ambos países que derivaron en la aparición del mote “Cobarde Matoncito”, endilgado al presidente Andrés Manuel López Obrador por parte del expresidente boliviano Tuto Quiroga.
Por otro lado, la tensión entre Estados Unidos e Irán. Éste último conflicto, que tiene sus orígenes en la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, en 1979, puede marcar el rumbo geopolítico en 2020, y tener afectaciones económicas mundiales este mismo año.
Cuando un evento así ocurre en el mundo, los distintos gobiernos generalmente toman sus previsiones y preparan estrategias políticas y económicas para afrontar las posibles consecuencias. Una de ellas tiene que ver con la elevación de los precios del petróleo y de las importaciones de hidrocarburos.
Tan sólo para el 3 de enero, el precio de la mezcla mexicana de petróleo de exportación se ubicó en 58.88 dólares por barril, una diferencia de casi diez dólares en comparación con la estimación del precio plasmada en el paquete económico para el gasto gubernamental en 2020.
Ello puede derivar en que el gobierno de López Obrador tenga, como le ocurrió a Vicente Fox y a Felipe Calderón, muy importantes excedentes en el presupuesto de este año.
Los ingresos presupuestarios excedentes representaron en 2006 un 2.9% del PIB, en 2007, 2.2%; y en 2008, 2.6% del Producto Interno Bruto. El destino de los recursos excedentes nunca se conoció, y ese riesgo está latente en esta administración, por más que nos digan que la corrupción se ha acabado.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tendrá “abundancia” en 2020, pues contará con ingresos excedentes muy importantes, y ello obliga a las autoridades a hacer un trabajo más riguroso, eficiente, honesto y transparente en este año. La vigilancia de los ciudadanos, por su parte, deberá ser más estricta, aguda e insistente, a efecto de obtener información adecuada y contundente sobre el destino de los recursos públicos del país.
Esta última ecuación también nos hace prever que los enfrentamientos políticos en México arreciarán, pues la transparencia no es una de las virtudes del lopezobradorismo, y la paciencia y confianza de los mexicanos en sus autoridades va a la baja.
El gobierno de López Obrador tampoco se ha distinguido por ser eficiente en el manejo de los recursos, y ello será otro factor de cuestionamiento a la autoridad.
Este año también pondrá a prueba la honestidad de quienes rodean a López Obrador (caso aparte Manuel Bartlett), pues la abundancia también generará tentaciones, y no sería raro que se presentaran casos de corrupción en el gobierno.
Un año interesante, sin duda, es el que empieza. Ya veremos el desempeño del gobierno, y de la sociedad.
