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Se tenía que decir… La inseguridad en tiempos de la 4T. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

20 Ene 2020
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El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha empezado a modificar su retórica en algunos temas esenciales, que usados como frases de campaña resultaron eficaces, pero que ya en la gestión de gobierno empiezan a generar hartazgo. A la sociedad empieza a inquietarle, y a enojarle, que el discurso por la falta de resultados en temas como el combate a la inseguridad siga siendo echarle la culpa al pasado.

 

La lógica popular señala que, si bien los gobiernos anteriores tienen responsabilidad por haber dejado crecer un problema tan grave, también es necesario recalcar que ello ya se sabía y que es hora que el actual ofrezca resultados si es que sabe cómo obtenerlos. Además, en el gobierno de López Obrador empiezan a percibir el combate a la inseguridad como el gran problema a enfrentar, incluso por encima del nulo crecimiento económico.

 

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el INEGI, ofreció en diciembre de 2018 resultados de una encuesta sobre inseguridad en el país. Uno de los datos revelados señaló que antes de la toma de posesión de López Obrador más de la mitad de los encuestados, todos ellos ciudadanos mayores de 18 años en el país, opinaban que la seguridad mejoraría en México en los siguientes 12 meses. Sin embargo, los resultados en la actualización de la encuesta en diciembre de 2019 reflejan que no sólo no mejoró, sino que empeoró: 72.9% de la población mayor de 18 años consideró inseguro vivir en su ciudad, y 62.5% no tiene perspectiva positiva de la seguridad pública para el siguiente año.

 

El presidente López Obrador ya no usa el discurso de la culpa al pasado como su principal arma retórica. Ahora ha pedido más tiempo para que los resultados positivos empiecen a visualizarse en el país.

 

En materia de seguridad pública, el evento denominado “Culiacanazo”, en el que se dejó libre a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, evidenció, entre otras cosas, que el gobierno de López Obrador, fiel a su retorno a las políticas públicas de los setentas, le apuesta más a la “pax narca” que a una efectiva acción que permita acabar con las organizaciones delincuenciales en el país.

 

El mal diagnóstico realizado por su gobierno, en el que se buscaba privilegiar una política de “abrazos, no balazos” y de supuestamente atacar las causas de la violencia en el país, ya quedó al descubierto y ahora López Obrador deberá encontrar nuevas vías para mostrar algún resultado sin apartarse de lo que prometió.

 

El mandatario ha demostrado que puede ser terco y mantenerse en la raya en sus ideas, a pesar de que ellas no ofrezcan ningún resultado. El cambio en la retórica, leve pero perceptible, va en ese sentido.

 

La creciente inseguridad pública en el país tendrá prioridad este año, pero las expectativas no son positivas. Seguiremos presenciando a un presidente evasivo, reacio a afrontar el tema frontalmente, y acatando las directrices de Estados Unidos, con la presencia constante y frecuente del procurador William Barr, cuya segunda visita en menos de un mes pasó casi inadvertida gracias a la guasa desatada por el anuncio presidencial de la rifa del avión presidencial.

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