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Se tenía que decir… El absolutamente esencial Luis Videgaray. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

31 Ene 2020
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Durante semanas, el presidente Andrés Manuel López Obrador estuvo anunciando que el gobierno de Estados Unidos estaba próximo a firmar el T-MEC, acuerdo comercial entre México, la Unión Americana y Canadá que sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado por los tres gobiernos y que estuvo en vigor desde el 1 de enero de 1994.

 

En realidad, el gobierno de López Obrador no tiene gran mérito en este nuevo acuerdo comercial, pues fue negociado enteramente por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Una vez concretado el triunfo de López Obrador, Jesús Seade se incorporó como representante de la 4T en el equipo negociador de México y el gobierno de Peña Nieto le obsequió parte del mérito en el éxito de las negociaciones. Lo cierto es que fue una cortesía del gobierno anterior para con Seade y López Obrador.

 

Para el presidente de México, tan afecto a los simbolismos, echar abajo el TLCAN representaba acabar con uno de los principales logros de uno de sus acérrimos adversarios, de esos de los que dice no odiar pero que menciona cada vez que puede como supuestos culpables de todo lo malo que ocurre en el país: Carlos Salinas de Gortari.

 

Desde hace muchos años, López Obrador pescó la manía de acusar a otras personas de acuerdo con el resentimiento que les tenía. A Salinas de Gortari lo odia porque no lo dejó crecer en el PRI. Tan es así que fue en los tiempos en que Salinas de Gortari gobernaba, cuando López Obrador dejó el PRI enojado porque no le concedieron la candidatura al gobierno de Tabasco.

 

A partir de ahí, López Obrador hizo de Salinas de Gortari su villano favorito durante muchos años. Lo acusó hasta de la crucifixión de Cristo. Le endilgó todos los males de México. El expresidente nunca lo peló. López Obrador también tomó a otros políticos de sparrings: Diego Fernández de Cevallos entre ellos.

 

Posteriormente, de hábil manera López Obrador percibió el cambio generacional y entendió que no podía conservar a Salinas de Gortari como villano favorito, pues las nuevas generaciones tienen pocas referencias del expresidente. Por eso ahora su villano favorito es Felipe Calderón, más fresco en la memoria de la sociedad y conocido incluso por los jóvenes en edad de votar.

 

Pero el odio es el odio, y por eso había tanto interés en montarse en la firma del T-MEC.

 

Sin embargo, no contaban con que la fiesta se las aguaría Robert Lighthizer, el negociador de los Estados Unidos en el T-MEC. En su discurso en la ceremonia en la que Donald Trump firmó el Tratado, Lighthizer agradeció con vehemencia a los negociadores mexicanos: “Me gustaría agradecer a mis socios negociadores de México: el exsecretario Ildefonso Guajardo, el embajador Jesús Seade, así como al absolutamente esencial Luis Videgaray, el secretario Marcelo Ebrard…”

 

El gobierno de López Obrador pretendía adueñarse de la fiesta y hacerla pasar como un logro de la 4T. No contaban con que Lighthizer reconocería a quienes verdaderamente llevaron a cabo las negociaciones, y con ello les aguó la fiesta.

 

Al quitarles el argumento y hacerles notar que no son los artífices de la negociación, Lighthizer le arrebató al gobierno de López Obrador el recurso de utilizar el T-MEC como un logro internacional de la 4T. El “absolutamente esencial” Luis Videgaray se llevó las palmas, y el gobierno de López Obrador tuvo que apechugar.

 

Ni modo. Honor a quien honor merece.

 

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