Síguenos en:

Se tenía que decir… No son ocurrencias. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

07 Feb 2020
270 veces

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho sus propias categorías para definir las políticas públicas establecidas en el pasado, y que él considera que o no funcionan o no sirven al pueblo.

 

De esa forma, el mandatario decidió acabar con el Seguro Popular y sustituirlo con el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI). En síntesis, el nuevo Instituto busca centralizar los servicios de salud con el argumento de que en los sistemas que brindaban esos servicios a la población en los estados había mucha corrupción. De ser así, entendemos entonces que el tema de la corrupción llevó al presidente a decidir la centralización. En el pasado hubo muchos ejemplos de los problemas, inconvenientes y también corrupción que genera la centralización de los servicios públicos, por lo que es de esperarse que pronto se manifiesten e impidan el buen accionar del INSABI.

 

El presidente también entendió, muy a su particular y peculiar modo de ver las cosas, que tener fines de semana largos cuando hay alguna fecha por conmemorar en el calendario cívico es una medida neoliberal y propuso regresar al esquema antiguo, en el que los días festivos se conmemoraban en la misma fecha. De esta manera, por ejemplo, si el 20 de noviembre caía en martes se propiciaba un “puente” en el que muchas personas dejaban de asistir a sus trabajos o a la escuela el lunes anterior y su fin de semana se extendía dos días más. Lo mismo ocurría cuando el día festivo caía en jueves.

 

El presidente refirió además que acabar con el esquema de fin de semana largo y volver a celebrar los días del calendario cívico en sus fechas correspondientes servirá para recuperar la memoria histórica y el civismo, y no afectará al turismo.

 

Los fines de semana largos se instituyeron en el sexenio de Felipe Calderón para generar mayor derrama económica por el turismo interior. Los fines de semana largos se utilizan por las familias mexicanas para viajar a localidades cercanas. Ello genera que en esos momentos se ocupen hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos. El resultado es una derrama económica para esas localidades.

 

El propio secretario de turismo, Miguel Torruco, celebró en Twitter las bondades del fin de semana largo del pasado 5 de febrero: “Expectativas preliminares para el fin de semana largo del viernes 31 de enero al lunes 3 de febrero, con motivo del aniversario de la Constitución Mexicana: Un millón 600 mil turistas hospedados en hotel o centro de alojamiento, ocupación 62.7%, derrama económica cercana a 4 mil MDP”. Es claro que al secretario de Turismo no le parece una medida neoliberal, y tampoco le parece una mala idea. De hecho, en su tuit, Miguel Torruco habló en concreto de la derrama económica esperada para el fin de semana largo anterior. Por ende, retirar los fines de semana largos sí afecta la economía del país.

 

Eleazar Gamboa, titular de Turismo en Durango, también se manifestó al respecto: “Durango dejaría de recibir cada fin de semana largo de 200 a 250 millones de pesos en conceptos turísticos con el tema de ocupación hotelera”.

 

Las dos medidas antes mencionadas, la de centralizar los servicios de salud y la de retirar los fines de semana largos, no son ocurrencias, aunque lo parecen. Con ellas, el presidente debilitaría aún más las finanzas estatales y forzaría a las entidades a depender en mayor medida del gobierno federal. Por supuesto, los apoyos a las entidades se definirán de acuerdo con los grados de inclinación de la espalda de cada mandatario local al venerar al presidente.

 

López Obrador utiliza todas las medidas a su alcance para tener mayor control político, y eso, por supuesto, incluye a las entidades federativas.

 

¿Qué gobernador no va a buscar mayor dinero para su estado? Y la manera de obtenerlo será, a partir de ahora, la genuflexión. El presidente disfraza de ocurrencias varias ideas con las que obtiene mayor control político, y distrae la atención haciendo creer que navega en mares de locuacidad.

 

Las mañaneras son el espacio en el que todos los días el presidente hace actos de magia y toca la flauta que siguen sus adversarios y sus seguidores, todos en común, aunque con distinta emoción.

 

¿Y la economía? ¿Y la inseguridad? Eso es otro tema. Nadie con sano juicio puede afirmar que van bien, y finalmente son los dos grandes temas por los que le puede saltar la liebre y echar abajo el show de magia.

 

Valora este artículo
(0 votos)