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Se tenía que decir… La propaganda y los odios del presidente. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

21 Feb 2020
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Las acciones tienen consecuencias. Y las inacciones también.

 

El reporte más reciente del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que en enero de este año se cometieron 73 feminicidios en el país, con lo que la tendencia se mantiene respecto de 2019, en cuyo primer mes se registraron 75.

 

Los feminicidios siguen por arriba de las cifras de años anteriores: en enero de 2018 hubo 69, en enero de 2017, 51, en el mismo mes de 2016 hubo 44, y en enero de 2015 se registraron 33. En todo el país, en 2019 hubo un total de mil 10 feminicidios, en comparación con los 913 registrados en 2018.

 

A pesar de esta realidad, que muestra el dramático ascenso del número de muertes de mujeres en México, para las autoridades los feminicidios no son un tema prioritario. Es un tema que el presidente Andrés Manuel López Obrador elude en sus conferencias de prensa mañaneras, y lo pone por debajo, muy por debajo de otros como el de la rifa del avión presidencial, y el anuncio de que hará cuatro “informes” por año para, supuestamente, dar a conocer el estado que guarda la nación.

 

En el tema de los feminicidios, como en el de la inseguridad en general en el país, el gobierno federal no tiene una estrategia clara y mucho menos se ven acciones que signifiquen combatir a la delincuencia organizada. El episodio en el que la Guardia Nacional y el Ejército dejaron libre a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, marcó el rumbo de lo que será la actuación gubernamental en contra de los cárteles del narcotráfico: el gobierno volteará la mirada hacia otro lado, y los dejará actuar a sus anchas. Esa es la política de los abrazos y no balazos.

 

Al presidente se le han venido encima distintos problemas en los que la inacción -por no decir otra palabra- ha mostrado el pasmo de la autoridad y la falta de capacidad para resolverlos. El gobierno de López Obrador no se está distinguiendo por su eficiencia, sino por el manejo propagandístico que les imprime a todas sus acciones. El más reciente recurso de propaganda fue la nueva insinuación de que en México se gesta un golpe de Estado, en el que el Ejército está evitando formar parte. La sola insinuación obliga al mandatario a probar sus dichos.

 

Sin embargo, el presidente no sólo acusa impunemente, sino que exhibe una paranoia a conveniencia que lo ha llevado a interpretar que todo aquel que lo critica es porque quiere hacerle daño, y todo aquel señalamiento de que las cosas se están haciendo mal responde a intereses de grupos políticos adversarios que pretenden dañar su imagen.

 

Los feminicidios en México van al alza, y el gobierno prefiere voltear a otro lado. La inacción para atender este grave problema social está echando a la basura el discurso de un supuesto humanismo del presidente López Obrador. La falta de empatía con las mujeres deja al descubierto el lado más oscuro del mandatario: la misoginia. ¿Quién no recuerda cómo se expresaba de Margarita Zavala en la campaña presidencial, a quien llamaba “la esposa de Felipe Calderón”?

 

López Obrador antepone sus odios al razonamiento. Por ello la inacción en temas vitales para la sociedad. Su acción, la propaganda, se impone a su inacción, dominada por sus odios. Las consecuencias se verán pronto.

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