Hacer frente a una pandemia requiere de tomar decisiones prácticas, inteligentes, basadas en la ciencia y que en todo momento estén pensadas en el bien de la mayoría y no en el de un grupo específico. Cualquier manual de control de crisis también recomienda que las acciones para atenderlas no sean políticas.
El gobierno de México ha hecho todo lo contrario en la atención de la actual crisis por el coronavirus COVID-19.
Lo que más ha llamado la atención es la actitud del presidente Andrés Manuel López Obrador frente a la emergencia: desacredita la labor de su propio vocero para el tema, desconoce los procedimientos mínimos de prevención, alienta conductas contrarias a lo que se establece en las fases preventivas, se mofa de los esfuerzos realizados a nivel mundial para contener el virus, y lanza mensajes basados en la ideología y la doctrina y no en la ciencia.
Todo ello, hoy lo sabemos, con la fe que le tiene a un “Detente, Sagrado Corazón de Jesús”, a un trébol y a un dólar que le regaló un migrante.
El “Detente”, que el mandatario presentó como un amuleto, en realidad es un sacramental que debe portarse con fe y devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El trébol sí es un amuleto, por la creencia que se le atribuye de ser atrayente de buena suerte y fortuna. El dólar, portado como amuleto, es un mero fetiche.
El presidente que se autonombra liberal resultó ser un auténtico conservador.
En realidad, hablar de que López Obrador es conservador no es nuevo. El populismo es antagónico del liberalismo, y si en los últimos años ha habido en México un exponente del populismo es el hoy presidente.
¿Cómo entender a un liberal que insiste en la moralización de la vida pública? ¿Cómo entender a un liberal que se apoya en las iglesias para desarrollar políticas públicas?
Y en realidad no es malo ser conservador. Lo malo es fingir.
El actual gobierno finge acciones con trasfondos. Así se explica, por ejemplo, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, con el pretexto de que ahí había nidos de corrupción, cuando en realidad simplemente fue para no concluir la obra emblemática del gobierno anterior.
De igual forma, el presidente finge ser liberal y ser juarista, cuando en realidad es un conservador de clóset.
En la actual crisis por el coronavirus, la sociedad ha rebasado nuevamente a la autoridad. El gobierno carece de credibilidad, y por ello la sociedad cuestiona si las acciones que han planteado el presidente o su vocero son realmente efectivas o si el gobierno oculta información, o si se está actuando tarde.
Estas dudas están fundadas en la actuación del gobierno frente a la sociedad, pues el presidente ha optado por distraer la atención pública, por ejemplo, con la venta de un avión presidencial que no se vende y la rifa de un avión que no se rifa.
El presidente liberal es el más conservador de los últimos cuarenta años. Sin embargo, su discurso público no convence. Nadie lo considera liberal, porque simplemente no lo es. Al tiempo, sólo al tiempo se podrá verificar.
