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Se tenía que decir… El problema no era el agua. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

27 Mar 2020
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El tema de la cancelación de la mega planta cervecera de la empresa Constellation Brands en Mexicali aún no finaliza. Si bien lo que es un hecho es que en Baja California no habrá planta cervecera, lo que también es real es que el tema de la cancelación tiene aún varias aristas para analizar.

 

Por lo pronto, este fin de semana el presidente Andrés Manuel López Obrador estará en Mexicali y con toda seguridad sostendrá una reunión con los directivos de Constellation Brands. La plática seguramente versará sobre los pasos a tomar en conjunto a partir de la cancelación de la planta en Mexicali.

 

Varios gobernadores de distintos estados han levantado ya la mano para atraer a sus entidades la inversión de Constellation Brands que, en Mexicali, estaba tasada en más de mil 600 millones de dólares, por lo que una salida -quizás la más viable- es que la empresa estadounidense decida mudarse, esta vez con el apoyo del actual gobierno federal.

 

Algo que también ha quedado claro es que la planta cervecera en Mexicali no tenía futuro con el actual gobierno. Lo de la consulta popular fue un mero pretexto para la cancelación. Primero se argumentó que el problema era el agua que utilizaría la planta para la elaboración de cerveza, y que presuntamente afectaría el abasto para el consumo humano en una región que de por sí tiene carencia del vital líquido. Constellation Brands demostró de varias maneras que su consumo de agua no afectaría el abasto para la población, y de esa forma obtuvo los permisos necesarios para iniciar la construcción de la planta desde hace varios años. Hoy, cuando el avance de la obra es ya de un 70%, el gobierno de López Obrador decidió pararla.

 

Sin embargo, el discurso cambió una vez conocido el resultado de la consulta popular. El presidente López Obrador aseguró que en el otorgamiento de permisos para la construcción de la planta hubo corrupción. Ya no mencionó el problema del agua como un motivo para cancelar la construcción. Como en otras ocasiones, acusó de corrupción sin mostrar pruebas.

 

Todo mundo sabe que detener un proyecto así tiene consecuencias, pero finalmente el gobierno federal tiene su estrategia, y de ella platicará el presidente con los directivos de Constellation Brands. No será raro que en breve la empresa anuncie su decisión de acatar el resultado de una consulta popular que no deja de ser bastante chafa, pues sólo participó el 3.51% del padrón electoral de Mexicali. Un total de 36 mil 781 personas acudieron a votar, y de ellas 27 mil 973 votaron porque no se terminara de construir la planta cervecera. ¡El 3.51% decidió cancelar una inversión de más de mil 600 millones de dólares! Esas son las nuevas reglas del juego político en México.

 

Uno de los estados que ha manifestado interés en llevarse la planta de Constellation Brands es Tabasco. A nadie le extrañará que la empresa anuncie su traslado a esa entidad, con todo el apoyo del gobierno federal, para reiniciar su proyecto cervecero. En Tabasco no falta agua, dirán. Lo que sí parece sobrar ahí es corrupción, aunque siendo avalada y solapada por el presidente tabasqueño, pues qué más da.

 

Algunas voces también señalan que el motivo de la cancelación del proyecto en Mexicali tiene que ver con el empresario Valentín Díez Morodo. Es uno de los principales accionistas y herederos de Grupo Modelo, y a él esas mismas voces le atribuyen haber impulsado una guerra sucia en contra de López Obrador durante la campaña presidencial.

 

El presidente López Obrador, lo ha demostrado, es un hombre de rencores. El rencor no es un buen consejero para hacer negocios, ni para gobernar. Si la cancelación de un importante proyecto económico es producto de una venganza, el presidente estaría cometiendo un nuevo error. La decisión ya está tomada, ahora sólo falta ver qué hace para enmendar la falta.

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