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Se tenía que decir… Olga Sánchez Florero. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

01 Abr 2020
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Olguita, como le llaman varios miembros del gabinete federal a la exministra Olga Sánchez Cordero, ha expresado en diversas ocasiones que está “más fuerte que nunca” al frente de la Secretaría de Gobernación y que el presidente Andrés Manuel López Obrador le tiene una gran confianza.

 

Ambas expresiones tienen algo de verdad, y algo no. Sin duda, el presidente confía en ella, le tiene aprecio, respeto y consideraciones. Esa es la parte de verdad en las expresiones de la exministra. La parte que, a todas luces no es verdad, es aquella en la que Sánchez Cordero asegura que está “más fuerte que nunca” como titular de la SEGOB.

 

Es claro que por su forma de gobernar, López Obrador no necesita a varios de quienes integran su gabinete. En realidad, él hace las funciones de la secretaria de Gobernación, del vocero, del secretario de Comunicaciones y Transportes, del consejero jurídico y de muchos más integrantes de su equipo de trabajo.

 

El presidente les da indicaciones y ellos se encargan de ejecutarlas. No opinan, no sugieren y mucho menos actúan sin el consentimiento de su jefe. López Obrador hace la chamba de todos ellos. A la vista de todos, estos funcionarios son unos “floreros”.

 

Pero el caso que más llama la atención es el de Sánchez Cordero. Por esa dependencia han pasado personajes de verdadero peso político. El o la titular de la Secretaría de Gobernación es, en el papel, quien coordina al gabinete federal. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que, en caso de ausencia total del presidente de la República, el o la titular de la SEGOB asume la titularidad del Poder Ejecutivo como presidente provisional hasta nombrar un presidente interino que convocará a elecciones. Esa es la trascendencia del cargo.

 

Sin embargo, en el actual gobierno Sánchez Cordero ha sido despojada de distintas funciones. Poco a poco ha sido desplazada de cada una de las funciones que la Ley Orgánica de la SEGOB le atribuye.

 

Olga Sánchez Cordero permanece en la SEGOB para manejar una Secretaría de Gobernación más administrativa que ejecutiva. El presidente decidió que el área de derechos humanos de la dependencia fuera responsabilidad de Alejandro Encinas, y de esa forma el tema sólo pasa administrativamente por las manos de la exministra, pues a todas luces Encinas acuerda directamente con López Obrador.

 

El tema migratorio, administrativamente bajo la responsabilidad de Gobernación, en los hechos ya es responsabilidad del canciller Marcelo Ebrard. Luego de la renuncia del Comisionado de Migración, Tonatiuh Guillén, López Obrador decidió poner en el cargo a alguien de todas sus confianzas: Francisco Garduño, con lo que esa posición le reportas directamente al mandatario y no a su jefa administrativa.

 

Sánchez Cordero no tiene capacidad de acción, pues el propio presidente hace las funciones de secretario de Gobernación y los subsecretarios le reportan directamente. La exministra de la Corte no actúa en Gobernación. Sólo atestigua y acata.

 

El presidente López Obrador le tiene respeto, pero no le da trato de secretaria de Gobernación. En el gabinete lo han notado y varios de sus integrantes, y en el círculo más cercano al presidente, la llaman Olguita.

 

La más reciente muestra de que Olguita juega el papel de florero fue el anuncio de la declaratoria de emergencia sanitaria en el país. Ahí estuvieron, además de Sánchez Cordero, los secretarios de la Defensa, de Marina, de Relaciones Exteriores y de Salud, además del subsecretario Hugo López Gatell. El tema es totalmente inherente a la seguridad interior, pero no fue Sánchez Cordero quien llevó la batuta de la reunión, sino Marcelo Ebrard. El canciller mostró tablas y relegó a la secretaria de Gobernación al papel de mero testigo mudo, sin opinión y sin voz.

 

Olguita quedó rebasada. Sólo observó.

 

Nada grave deberá pasar que amerite que la presencia fuerte de Sánchez Cordero como secretaria de Gobernación. No ha mostrado tener los tamaños para ejercer con firmeza y grandeza las atribuciones que le confiere la ley como titular de la SEGOB. Olguita, como le llaman, juega bien el papel de florero y ahí parece estar cómoda. El liderazgo en el gabinete no pasa por la SEGOB, sino por la Cancillería, y la exministra lo sabe, lo acepta y lo acata.

 

Ella se asume como “más fuerte que nunca”. Si es así, ¿cómo habrán sido sus tiempos de debilidad?

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