Como lo había anunciado, el presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció un informe. Muchos, muchísimos mexicanos esperaban que más que un informe, el presidente diera a conocer las acciones que tomaría su gobierno para enfrentar la crisis actual. Pero más allá de eso, lo que muchos, muchísimos mexicanos esperaban era un mensaje tranquilizador hacia el futuro.
A reserva de conocer los datos sobre la audiencia que siguió su mensaje, el, rating debió ser muy alto. Había una gran expectativa por conocer su propuesta ante la gran crisis de esta generación. En cambio, López Obrador dio un mensaje de rutina en el que reiteró lo que ha dicho mil veces y que ya nadie cree. En realidad, el presidente dio un discurso de 1970 para una crisis de 2020.
No fue un mensaje tranquilizador. Por el contrario, fue altamente preocupante. No sólo no anunció ningún plan de reactivación económica, que urge, sino mostró que el gobierno no tiene ningún plan de emergencia. No tiene siquiera una idea del tamaño de la crisis actual ni cómo hacerle frente. López Obrador lo volvió a hacer: generó una gran expectativa y defraudó a la audiencia. Nuevamente desaprovechó una oportunidad para presentarse como el líder que en este momento requiere el país. No lo es, y así se van los años para lograr hacer de este un gran país.
López Obrador lanzó un mensaje frente al espejo. Se escuchó y se convenció nuevamente, pero a nadie más. Nuevamente mintió descaradamente: ofreció crear dos millones de empleos en nueve meses, pero él sabe que su gobierno no lo logrará. Para tener una idea real y reciente, es necesario analizar la información sobre la generación de empleo en México.
Enrique Peña Nieto tuvo un gobierno exitoso en la generación de empleo. 2016 es el año en el que más empleos formales se han generado desde que se tiene registro: durante los primeros 11 meses de ese año el número de empleos generados ascendió a un millón 51 mil 808 nuevas plazas, el monto más alto para dicho periodo desde 1998. López Obrador está ofreciendo generar el doble de nuevos puestos de trabajo en tan sólo nueve meses. La verdad es que es un mensaje que busca tranquilizar a mucha gente que hoy no tiene empleo, pero es una mentira.
Recurrió de nuevo a la mentira al señalar que su gobierno decidió no aumentar los precios del combustible. Él sabe muy bien que lo cierto es que la baja en el precio de la gasolina se debe al desplome internacional del precio del petróleo, y eso lo presenta como una medida de apoyo en la emergencia económica.
El principal destinatario de su mensaje fue el espejo. López Obrador es hoy el emperador caminando sin ropa, y no hay nadie en su gabinete que sea capaz de hacérselo notar.
En su discurso, cargado de mentiras, también hubo contradicciones: les aseguró a los trabajadores que no habría reducciones a su bienestar, y quince minutos después les asestó un duro golpe a los burócratas: reducción de sueldos y eliminación de aguinaldo.
En cambio, les dio a conocer que sus caprichos y obsesiones se mantendrán y obtendrán más recursos: continuarán las obras del aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Además, se reducirá la carga fiscal de PEMEX para que tenga un apoyo de 65 mil millones de pesos.
Cuando los mexicanos esperaban apoyo de su gobierno, López Obrador los deja solos. Dejó solos a los micro, pequeños y medianos empresarios, los que generan empleo y a los que hoy les piden pagar los sueldos de los trabajadores que no están trabajando por la pandemia del coronavirus. Dejó solos a quienes esperan no contagiarse, y si eso ocurre saber que cuentan con instituciones de salud que les garantizan una atención digna, con equipamiento y medicamentos necesarios para hacer frente a la crisis.
El espejo volvió a decirle que él es el mejor presidente de la historia del país, comparable con Juárez, Madero y Cárdenas. La historia no lo recordará así. El presidente desperdició una nueva oportunidad para dejar atrás ataduras ideológicas que lo harían pasar a la historia como uno de los peores presidentes de la historia.
