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Orbi 21. ONU, una medalla decorativa para México. Por: Cristina Cardeño Destacado

23 Abr 2020
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La ONU ha tenido un papel importante en el orden mundial que rige nuestros días (hasta ahora). Ha ayudado a mitigar ciertos conflictos que sin su presencia pudieron haber escalado a niveles catastróficos, pero también ha tenido actuaciones infames en otros tantos conflictos internacionales como su fallida participación en el genocidio de Rwanda, las sanciones a Iraq durante la invasión Guerra del Desierto a cargo de George H. W. Bush, la partición del Estado Palestino con la Resolución 181/1947 CSNU y un sinfín más. Su tiempo de vida ha sido más controversial y confuso con el paso del tiempo.

 

¿Qué es lo que impide a las Naciones Unidas actuar con severidad? La intocable soberanía nacional de cada Estado Miembro. Su Talón de Aquiles. En el argot de los internacionalistas y politólogos, el término soberanía siempre ha sido sagrado y más aún cuando se trata de las Relaciones Exteriores. Es pecado capital violar la soberanía nacional de cualquier país ya que sigue siendo uno de los intereses máximos por proteger tanto de Jefes de Estado, diplomáticos y de las mismas organizaciones internacionales. Por lo consiguiente, estas últimas se encuentran eternamente limitadas para actuar y ser vinculantes en cuanto a Derecho Internacional. Es decir, ningún Estado Miembro ha renunciado a su soberanía para someterla a un ente supranacional. Por lo tanto, la Organización no cuenta con soberanía. Más aún, la Asamblea General no tiene instrumentos para obligar a los Estados. El Consejo de Seguridad puede tener más poder en cuanto a sanciones o vinculación pero sigue sin tocar la soberanía nacional. 

 

El 20 de abril se anunció que la ONU adoptó la resolución propuesta por México en la Asamblea General para garantizar el acceso global a medicamentos, vacunas y equipo médico para lidiar con el COVID-19. Marcelo Ebrard califica a la resolución de histórica, pues ha sido la más votada en la historia. La propuesta contó con el respaldo de 179 países. En efecto, en el papel ha quedado firmada la resolución y ahora forma parte del gran archivo de las Naciones Unidas, y nada más. Por lo dicho anteriormente, ahora se entiende que es poco útil. Queda bien para el reporte de las acciones multilaterales de México, que hacen mucha falta por la carente participación del mandatario mexicano pero no puede haber vinculación ni formas de hacerlo obligatorio. Si se quisiera llevar a votación dentro del Consejo de Seguridad, la historia sería distinta pero ¡oh sorpresa!, los países que pueden vetar esta resolución son los mismos que no se sumaron a la resolución: los Estados Unidos de América y Rusia. Con todo ello, México se puede colgar una medalla decorativa, nada más.

La resolución fue liderada por Juan Ramón de la Fuente y resultó triunfante a medias, mientras que internamente México está perdiendo la oportunidad de comunicación efectiva de la contingencia y al parecer también está perdiendo la batalla contra la pandemia al ser el país que menos pruebas aplica de los países de la OCDE (0.2 por cada 1,000 personas), lo que nos lleva a no tener datos reales de contagio y decesos. 

 

La ONU se fundó con grandes ideales humanitarios, buscar la paz entre ellos. Se enfrenta eternamente al problema de ideales sesgados que obedecen a los más poderosos, por lo que el terreno de las Naciones Unidas será eternamente complicado.  

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