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Se tenía que decir… No sabe, no entiende y no se deja ayudar. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

01 May 2020
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El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha reforzado su muy bien aceitada estrategia de propaganda. La ha reforzado con dinero, y quiere más, cada vez más, sin importar de dónde lo tenga que tomar, pues lo importante es “la causa” y no entregar el poder al final de este sexenio.

 

Hasta ahora, la estrategia propagandística del gobierno federal incluía la conferencia de prensa mañanera, los discursos en las giras de trabajo, y por supuesto el trabajo en redes sociales. A los medios de comunicación que denominan “tradicionales” no los consideran, pues no confían en ellos.

 

A partir de que el coronavirus obligó a cancelar las giras de trabajo por el interior de la República, el gobierno federal buscó reforzar el mensaje en las conferencias mañaneras y posicionar con más fortaleza un mensaje cohesionado en las redes sociales.

 

Para el presidente López Obrador y sus estrategas de propaganda es cada vez más complicado posicionar un mensaje. El anillo al dedo y el modito no ayudaron, como tampoco ayuda que al mandatario se le aprecie molesto, irritado, fuera de sí cada vez que se refiere a los empresarios y a las acciones que emprenden para buscar un rescate a las medianas, micro y pequeñas empresas, que generan el 78% del empleos en el país, y que forman parte importante de la cadena de producción y de abastecimiento de las grandes empresas, e incluso del propio gobierno, y que no podrán subsistir a esta crisis sin apoyos.

 

El presidente se irrita y no entiende. En algunas columnas lo exhiben como ignorante en el tema económico, e inmediatamente las legiones de bots y trolls en redes sociales se vuelcan a atacar, amenazar y difamar a quien se atreve a criticarlo. Toda crítica hacia el presidente se entiende como un ataque de un adversario conservador, corrupto y que defiende el dinero que cobraba por adular a los mandatarios anteriores. No dan cabida a la crítica natural, aquella que se genera al observar los errores de quien gobierna.

 

Ejemplos de errores en este gobierno ya hay muchos. Uno muy reciente quedó exhibido con las pérdidas históricas y multimillonarias que registró Pemex en el primer trimestre del año, antes del coronavirus: la “estrategia” energética de México está errada, va contracorriente de lo que ocurre en el mundo por conceptos ideológicos que no conducen a nada. Séneca dijo: no hay viento favorable para un barco sin rumbo. En el barco denominado Pemex no hay rumbo ni capitán, por lo que no puede haber vientos favorables.

 

Con el dato de este primer trimestre, las pérdidas de Pemex de enero de 2019 a marzo de 2020 suman ya 1.22 billones de pesos, poco más de un millón y medio de pesos por minuto. Todo un desastre económico. A finales de 2019, el patrimonio de Pemex estaba valuado en menos dos billones de pesos.

 

Pemex perdió 562 mil 250 millones de pesos en el primer trimestre del año, todavía con un precio promedio de 40 dólares por barril. Para poner en contexto ese monto podemos decir que se hubieran podido construir tres refinerías como la de Dos Bocas, que supuestamente costará 160 mil millones de pesos, y se hubieran podido comprar 98 aviones como el Boeing 787-8 TP-01 que este gobierno pretende vender.

 

No puede haber gobierno rico con pueblo pobre, suele decir López Obrador. Tampoco debe haber un gobierno que derroche tanto, con un pueblo pobre, habría que decirle.

 

La estrategia energética es errada. Pemex perdió hasta 12.51 dólares por cada barril de petróleo que refinó de enero a marzo de este año, y el gobierno federal se empeña y presume que busca aumentar la producción de barriles de petróleo.

 

Los líderes petroleros del mundo se burlan de la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle, y en México el gobierno vende la historia de que hasta la aplaudieron. Hizo un ridículo y en México la visten como defensora de la soberanía del país.

 

La pésima conducción de Pemex le hace daño a la economía nacional, y eso no lo entiende el presidente. Esta semana el peso y la Bolsa Mexicana de Valores ampliaron sus caídas. El tipo de cambio se ubicó al cierre cambiario de la semana en 24.04 pesos por dólar, frente a su registro de la semana anterior de 23.87 pesos por dólar.

 

López Obrador insiste en poner la ideología por encima de la práctica económica. Seguir perdiendo dinero de esa forma, hundiendo a Pemex de una manera tan brutal, no va a tener un buen fin. Ello explica la urgencia del mandatario de disponer de todo el dinero que pueda tomar para seguir financiando programas sociales que tienen más intención electoral que de atender las carencias de la gente más necesitada.

 

El presidente fervoroso debe entender que no basta con tener fe y encomendarse a cualquier santo para sacar adelante al país. También debe escuchar y atender los consejos de quienes saben, desenvolverse de las túnicas ideológicas que le nublan la razón y entender que ya no vivimos en 1970.

 

El país se encuentra en grave riesgo de terminar muy mal la crisis del coronavirus, y de terminar muy mal el año en términos económicos. Qué miedo estar en manos de quien no sabe, no entiende, y tampoco se deja ayudar.

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